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miércoles, septiembre 23, 2009











Haggisland






Uno de los viajes del verano me llevó por tierras escocesas, concretamente a Edimburgo. Toda una delicia viajar en agosto, salir del bochorno y de los cuarenta y tantos grados de España y aterrizar en los veintipocos de máxima de Escocia, desenterrar la gabardina y la manga larga por unos días.






La ciudad de Edimburgo es preciosa, ideal para patearla y escudriñar rincones. Tiene un punto gótico y macabro que no me esperaba, con sus referencias a los ajusticiados en la plaza del mercado de Grassmarket, los ladrones de cadáveres del cementerio de Greyfriars, unos cuantos edificios grises de aspecto inquietante, la visita, que no hice, a los pasadizos del subsuelo de la parte más famosa de la ciudad (toda una metáfora) donde, en los años de la peste del final de la Edad Media, cientos de apestados fueron encerrados hasta que murieron. Os dejo el enlace para el que quiera echarle un vistazo: http://www.realmarykingsclose.com/.







Y tiene, evidentemente, un buen montón de sitios a los que ir. Además de los pubs, realmente cosy y acogedores, los museos son también una opción para pasar el tiempo y ver caer la mansa lluvia (ya dicen por allí que si no te gusta el clima, sólo tienes que esperar cinco minutos para que cambie). Por ejemplo, el museo que la ciudad dedica a sus escritores clásicos, el Writer's Museum, con objetos curiosos de Robert Louis Stevenson, Walter Scott y Robert Burns (el autor del poema que hizo que se popularizara el haggis, supuesto plato típico escocés).





Hay muchos más Edimburgos: el de Leith, el puerto que antes era lo más tirado de lo tirado (si habéis leído Trainsppoting de Irvine Welsh ya sabéis a lo que refiero) y hoy es una zona de lujo parecida a los docklands londinenses; el Edimburgo medieval lleno de referencias a María Estuardo; el abarrotado y lleno de artistas callejeros de la Royal Mile (no me quiero ni imaginar lo que será esa calle en la fechas de los celebérrimos festivales de Edimburgo en agosto); el de Harry Potter (por cierto, preciosa la cafetería donde surgió el personaje de la pluma de J. K. Rowling, The Elephant House, uno de los lugares más agradables y con mejores vistas, incluyendo pasteles, de Edimburgo); el Edimburgo verde, con su recorrido por la bella zona de Dean Village, un auténtico oasis dentro de una ciudad bastante tranquila y con zonas bien delimitadas y diferentes...



He dejado para el final una de mis debilidades, el Edimburgo que dibuja Ian Rankin en sus novelas negras del inspector Rebus, que pueden ser una verdadera guía alternativa al Edimburgo oficial. De hecho, compré un libro de Ian Rankin titulado Rebus's Scotland en una tienda de ofertas en Princess Street que es una auténtica delicia, con fotos en blanco y negro y textos de Rankin. Bien, pues como ya sabéis si sois lectores de Rankin, el santuario de Rebus es el Oxford bar, http://www.oxfordbar.com/, un bar, no un pub (o sea, sin comida, ni dos pisos, ni moqueta en la pared...) estupendo y confortable pese a su pequeñez en Young Street, paralela a George Street, con unas excelentes cervezas escocesas (y con una camarera simpatiquísima que me dejó probar las tres que tenía de barril para que me decidiera por la pinta que más me gustara, cosa que fue difícil). Desde luego, si viviera en Edimburgo, ese bar sería mi segundo, por no decir el primero hogar.





Bueno, os dejo y prometo subir mañana un vídeo.



(Pongo el título en negro en referencia al haggis, ese embutido omnipresente en todas las tiendas hecho de sangre, pulmón, vísceras, manteca -o sea, una morcilla- que los escoceses acompañan con purés de avena, una auténtica bomba pero sabroso e ideal trasegar pintas).





P. S. La banda sonora no puede ser otra que Belle and Sebastian, concretamente este doble cd, Push the barman to open old wounds, que reúne los primeros eps de la banda de Glasgow y que me compré nuevo por ¡¡cinco libras!!. Algún día hablaremos de lo del precio de los discos en España y por qué han descendido un 30% las ventas. Salud.

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martes, octubre 28, 2008









Una identidad de frontera



En esta época de identitarismos, casi lo mejor que se puede ser, como en esa peli de Aki Kaurismäki, Un hombre sin pasado, es ser de frontera, no ser nada y serlo todo, estar allí donde se diluyen las identidades y las banderas, donde se confluye y no donde se diverge.




Esto viene a cuento por una vieja obsesión mía, una de mis Itacas particulares, Trieste. No recuerdo desde cuando me viene esa obcecación, probablemente del día en que empecé a leer a Claudio Magris y su Danubio, ese excelente libro que siempre recomiendo a todos aquellos que les gusten los libros de viaje, de reflexión sobre el paisaje y las gentes, sobre la historia y su peso. Magris es el narrador triestino por antonomasia, candidato perpetuo al Nobel (lo cual es una tontería, es mejor no tenerlo vistos, en general, los que no lo tienen ni tendrán), y de su ensayo, recientemente publicado en España, Trieste, una identidad de frontera, escrito a medias con Angelo Ara, tomo el título.



Pese a llevar varios años detrás del libro (he estado varias veces a punto de comprarlo en italiano), me defraudó un poco, esperaba más de él, pero me sirvió para que se incrementaran mis deseos de ir a Trieste, el puerto más importante del imperio austro-húngaro, la ciudad italiana de extracción eslava donde se habla italiano, alemán, esloveno...,donde se publicaban periódicos en decenas de lenguas, y donde la idea del café como ágora pública alcanza los más altos grados de excelencia. Por ejemplo, éste que os he puesto arriba, il café degli specchi, uno de los más conocidos.

Trieste fue también candidata a la Expo 2008, pero obviamente no la consiguió, mejor así, sin megaproyectos que desvirtúen esa "perla del Adriático", como se la conoce, así cuando uno vaya por allí a callejear, a cafetear, a descubrir una de las ciudades más cultas de Europa (me la imagino plagada de librerías), a dejarse llevar por el sonido de los barcos amarrados, como si fueran las sirenas de Ulises, así, digo, me la encontraré anclada en su pasado.
P.S. Le pongo un cd que ya os dije que me había comprado, el dúo Il Genio, que no sé de qué parte de Italia son, pero ahora mismo estoy tarareando su canción "Una japonesa en Roma".
Salud.

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miércoles, octubre 08, 2008





El mundo a los pies


Así como siempre que puedo en mis viajes me gusta visitar algún mercado, cuanto más popular mejor, e incluso algún cementerio (se aprende mucho de las culturas viendo cómo se trata a los muertos), cada día me gusta más contemplar las ciudades desde alguna altura considerable, ver los trazados de las calles, las terrazas con su ropa tendida, lo que normalmente se guarda en las alturas.





En ocasiones, como en el maravilloso elevador de Santa Justa lisboeta que os pongo aquí al lado, es una construcción casi surrealista, como una habitación, que te transporta a las calles de más arriba y que te permite admirar todo el trazado de una zona, en este caso La Baixa que diseñó para la Lisboa post-terremoto el marqués de Pombal. Recuerdo que cuando leí El invierno en Lisboa de Muñoz Molina, no entendía eso de un ascensor que te sube a otro barrio, al verlo sí.




Sin embargo, lo más frecuente, es alguna torre de iglesia. Es el caso de muchas ciudades europeas construidas alrededor de una catedral, o donde, al erigir la iglesia, se coloca en un lugar preminente.



A mí me gusta especialmente Milán, subir a las cubiertas de Il Duomo y pasear por allí arriba es un espectáculo fascinante que bien vale los 7 € que cuesta el ascensor. Se siente uno, como un Fermín de Pas de La regenta o un diablo cojuelo, con la ciudad a los pies, observando aquello vedado para muchos. Y además, tener las estatuas a unos metros de uno, esa maravilla que son las gárgolas (prometo post) con todos sus detalles, es una sensación impagable.
P.S. Muchas canciones hablan de estar por las alturas, desde "Higher" de The Cure hasta "Hanging on your ego" de The Pixies, pasando por "Hanging on the telephone" de The Blondie. Vosotros mismos.










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domingo, septiembre 21, 2008


Música para un domingo por la mañana



De mis cientos de discos, hay uno que me encanta poner en la mañana del domingo. Y no soy el único. Os cuento.


Un domingo de julio de hace un par de años, ahíto de contemplar toda la belleza del mundo en Praga, paseaba por lo que ya era un recorrido habitual para mí, cerca de El tigre dorado, el bar habitual de Bohumil Hrabal y que se convirtió en fijo para mí durante los días que estuve por allí (creo que allí bebí la mejor cerveza del mundo, sin exagerar). Era pronto, y las cervecerías de verdad abrían a las 3 de la tarde, así que, arrojado como estaba yo a la calle a una hora extremadamente temprana para mí un domingo (me equivoqué al reservar habitación y compartía cuarto con 7 extranjeros más), busqué algún sitio donde poder refrescarme y tomar un aperitivo. Vi uno de esos locales de falso ambiente tropical de los que hablaba Esclarecidos, con ensaladas y entrantes y no me acabé de decidir. Pero, ay amigo, de repente oí que sonaba este Moon safari de los franceses Air y no lo dudé.




El disco es perfecto, suave y atmosférico (alguna vez parece un cd de rock sinfónico, pero mucho más etéreo, electrónico y elegante), con eso que se llamó french touch y que es tan reconocible, uno de esos pocos cds que no tienen nada que reprochar y que puedes poner una y otra vez. Hablé con el camarero, que debía de ser el dueño del bar, y coincidió conmigo. De repente, a miles de km de mi casa, parecía estar en el salón oyendo "Femme d'argent", "Sexy boy".


No digo que fuera una felicidad plena y absoluta, pero desde luego era lo máximo que se podía alcanzar allí. Ni que decir tiene que el medio litro de cerveza habitual (no recuerdo si Staropramen, Pilsner Urquell u otra) me sentó de maravilla.


Salud a todos, voy a ver si os subo un vídeo de Air.

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domingo, agosto 24, 2008

Saber y perder/ lo tengo por costumbre


Elogio de los tranvías lentos




Ya he hablado en ocasiones del gusto que tengo por las ciudades con río y/o canales, y más si son navegables (me hace ilusión ver en el Ebro estos días unos pequeños barquitos que hacen la ruta de la Expo y algunos embarcaderos que han hecho en el río, ya se podía haber hecho antes...). Eso le da un aire contemplativo a la ciudad, un sosiego y una tranquilidad de las que bien necesitadas están nuestras ciudades. Ver un río que se desliza suavemente, con aguas limpias y lleno de vida, es una gozada, sentarse en su ribera y mirar hacia afuera y hacia adentro.



Pues los tranvías no dejan de ser ríos en las calles, tienen esa característica de permitir la reflexión y la mirada exterior. Y puestos a elegir, me gustan los tranvías destartalados, de madera, como los que yo cogía en mi infancia en Zaragoza para ir a la torre de mis abuelos (ya hablaré un día de eso), que recuerdo que el timbre para pedir parada se oprimía con el pie. Ese 28 de Lisboa, cuyo recorrido es un auténtico patrimonio para la Humanidad (y creo que lo iban a proteger así), los de Praga, eficaces, el sube y baja de algunas líneas de Bruselas (una excelente oportunidad de ver barrios que si no nunca visitaríamos) o los de Milán, que os voy poniendo en fotos (la primera es la estación de Puerta Génova, y el tranvía era el 9). Me gusta el ruido que hacen, su toque de campana, que en Milán sus conductores tengan que bajar, tranquilamente, a hacer el cambio de vía, que te dé el aire sin contaminar, que estén fabricados en Manchester o en el Berlín de los años 20. Son pedazos de historia que, sin romanticismo, van por algunas calles de la vieja Europa. El año pasado, en La Coruña, también había uno, viejo pero arreglado, que en temporada turística lleva a la Torre de Hércules y hace un majestuoso recorrido por Riazor y toda la bahía. Algo es algo. Los nuevos que ponen en ciudades como Barcelona y Valencia están bien, son tranvías, y recuperar esas vías de los coches para el público está bien, pero a mí dejadme con los viejos.




Una vez leí que un arquitecto zaragozano los colecciona, y que en una nave cercana a Zaragoza guarda 40 o así, ¡qué gozada!


P. S. no recuerdo úna canción que hable de tranvías, pero este disco de Steve Reich y Kronos Quartet con la colaboración de Pat Metheny sí que me gustaba, atmosférico y relajado. Salud.

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jueves, agosto 21, 2008

Somos verdaderos gigantes / y a cada instante / nos mata David




Un viaje libresco





Bueno, ya tengo fotos del reciente viaje a Italia (Bérgamo, Milán y Pavía), así que de paso que escribo algo pondré alguna, aunque veo que pesan bastante y que desmadejan un poco la presentación. Empiezo con ésta de la zona de Il navigli, los canales de Milán, zona de salir de cena y paseo. Cuando fui a las cinco de la tarde parecía que hubiera caído una bomba nuclear, pero al bajar el sol se animó bastante.



Mi amigo Alfonso (http://elreinodeestemundo.blogspot.com) me ha pisado una entrada que quería escribir sobre librerías, pero ya se me ocurrirá algo. Soy de los que piensan que una librería, una tienda y un bar son mis propias delegaciones diplomáticas en el extranjero, mi patria personal, donde siempre se encuentra uno a gusto y encuentra seres de inquietudes similares.


Dentro de las sorpresas que me ha deparado Milán, o esas casualidades a las que no queremos resistirnos, quiero señalar que en uno de mis rincones favoritos, la piazza dei Mercanti (no sé si lo escribo bien, un año de estos empezaré con el italiano), me encontré con una expo estupenda que se me escapó por unos días en Amsterdam (me parece que lo conté aquí) del fotógrafo norteamericano Weegee, experto en fotoperiodismo y en retratar la vida de los bajos fondos de los EE. UU. de los años treinta y posteriores. Para los que os suene de algo, era el fotógrafo al que se le llamaba Public Eye y cuya vida tuvo una buena adaptación cinematográfica en la piel de ese excelente actor que es Joe Pesci. Pues allí me esperaba esa expo, el Weegee desconocido, que tenía además material raro como unos cortos grabados por el propio Weegee. El marco, por si fuera poco, era, literalmente, incomparable, un palacete renacentista que dejaba asomar sus frescos encima de las escalofriantes y emocionantes fotos de Weegee.


Me vuelve a asombrar de Milán que esa ciudad paradigma del diseño y de la calidad de vida tenga tanta pobreza y cutrerío, además de que se respirara un ambiente bastante berlusconiano. Las otras dos ciudades pequeñas que visitamos, Bérgamo y Pavia, tenían más encanto y homogeneidad, al menos en determinadas zonas. Y es que el hecho de que estas ciudades conserven una zona monumental sin mucha alteración posterior les confiere un encanto para un pobre españolito acostumbrado a ver edificios renacentistas al lado de bloques de 10 alturas y cosas así.


A los tranvías de Milán les dedicaré otra entrada.


P. S. Como en los hoteles había canales musicales, he oído alguna cosa interesante, además de Il Genio, pero me traje otro cd de Paolo Conte, Impressions of jazz, donde se dedica a colaborar con su xilófono en varias formaciones italianas de dixie. A ver si encuentro algo en Youtube.
Salud.

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domingo, agosto 17, 2008

Extras. Todos somos sobras/ Nadie es de veras / y nunca es el lugar








Los milaneses matan en 15 de agosto





Recién vuelto de Milán y alrededores (ya os pondré fotos), una incursión al ciber y os subo el vídeo de un grupo italiano nuevo que me gustó (ventajas de poder ver canales de vídeo musical en el hotel de Milán) y cuyo cd no paro de poner, Il Genio y su hit "Pop porno". Ya sé que es naïf y demás, pero se me pegó como una lapa y no he querido resistirme. Y he buscado además un par de fotos de la zona de Il navigli, que no conocía y que me ha sorprendido. Allí descubrí un encanto de librería de viejo (prometo post sobre las librerías) que se llama "Il libraccio" y cuya web os pongo aquí (http://www.libraccio.it/).
Hala, mañana sigo, que tengo antojo de una buena ensalada de alubias para que se diluya tanta pasta como he comido.
Salud.

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jueves, abril 03, 2008












Fragmentos de un diario amsterdanés (1)










Un bar en el mundo (16-3-2008)






Si hay un "bruine cafe" en el mundo, creo que estoy en él, Gollem, un garito negro del humo, hippie pero muy acogedor, cosy que ponen ellos en la puerta para acoger a la clientela americana e inglesa. Creo que sólo estamos de fuera dos americanos y yo. Estoy en la parte de arriba, con una pipa y una Jopen negra, tostada más bien (stout) que me está sentando de maravilla.








Lo de la tolerancia de Amsterdam se confirma, haces lo que quieres sin pedir permiso, siempre que no molestes, claro. "Haz lo que debas". Y los dos guiris se están zampando unos quesos con algo de arenques o vinagritos o así que me están dando envidia, pero es muy pronto.





Vuelvo a una reflexión de otros diarios, en España tenemos la fama, pero aquí, y en Londres, y en Dublin, y en toda Europa me parece, la patria son los bares, siempre llenos, siempre alegres. Y hay muchos, la verdad, al igual que restaurantes. Así que menos lobos. [...] Lo más recomendable será andar algo más hasta encontrar otro sitio, a lo mejor entrar en alguna de las librerías que haya abiertas (lo de los horarios comerciales aquí también lo tienen jodido por lo visto) y refugiarse allí haciendo tiempo como los abuelos. ¿Nos convertimos en abuelos al viajar con lluvia? En fin, último trago de cerveza y "Here we go".








Comida con vistas (17-3-2008)






En el Kaisergracht, al lado de los almacenes Metz&Co, Morlang Cafe, una sopa de tomate riquísima, un poco picante, y luego he pedido curry. El garito es uno de esos modernos con encanto, luminoso, con detalles (papel pintado rojo oscuro imitando los esgrafiados) muy agradables (mesas de piedra, una escalera de caracol con claraboya. Tiene una calidez muy amable, con luces indirectas además de los dos ventanales al canal y a la claraboya. Todo autóctonos urbanos que se comen sus huevos fritos (3) con pan y sus hamburguesas de palmo [...] Veo mucho vino en todos los bares, y en las tiendas no me ha parecido caro. Se ve que aquí tiene la impronta de la elegancia, para diferenciarse del populismo de la cerveza [...] Por cierto, la Heineken de aquí, nada que ver con la española, tiene mucho más sabor, más cuerpo, y no parece esa cosa desustanciada que ponen en España.


P.S. No recuerdo ni apunté la música que sonaba en estos lugares, pero al llegar al hotel me ponía Oil on canvas, el album en directo de Japan, que encontré por 5 € y que en España está desaparecido en el limbo de los cds descatalogados y que os recomiendo y grabo a todo aquel que le guste la música elegante y levemente exótica.
Salud.












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miércoles, marzo 19, 2008




La ciudad suspendida










Ya de nuevo en esta "maravillosa cotidianeidad" de esta piel de toro donde se habla de lo mismo de siempre y las procesiones de una determinada fe (no voy a dar pistas para que no se ofenda nadie) cortan el tráfico, modifican la vida de todos los demás, etcétera.


Todavía no tengo mis fotos de Amsterdam, he de descargarlas al ordenador y ya iré poniendo. Como he hecho un diario, a lo mejor escribo algo de él.


Como dicen que pasa con los viajes de avión, todavía mi alma está allí, en esos majestuosos canales que empiezan a ver las primeras hojas de los árboles, en esas casas con ventanales enormes abiertos de par en par, en un exhibicionismo de la belleza que casi duele, con esas casas forradas de libros que además parece que se han leído, con esos "bruine cafe" donde pasaría uno horas (y de hecho las pasé) viendo caer las gotas de lluvia y las cervezas, a veces con la pipa encendida cual marinero varado en tierra extraña e invadido por una feliz melancolía. Allí, donde por las noches apenas se oye el runrún de ajadas bicicletas y olor de las sirenas del Barrio Rojo.

Y además, la gente parece feliz, con esa sopa de guisantes que tiene además pies de cerdo, salchichas, puerro, zanahoria, bacon y que parece más espesa que la conciencia de Freud, con esos tranvías que, a pesar de su modernidad (¿os imagináis cómo sería esta ciudad con tranvías antiguos de esos que se ven ya sólo en Lisboa?) siguen con su ritmo pausado y, en frase feliz de Rosa Chacel, "el tranvía también es un sitio maléfico para los diálogos de dificultad íntima. El tranvía no adapta nunca la puntuación de su marcha a la de nuestra conversación". En fin, que me ha vuelto a gustar mucho y que os recomiendo el viaje a todos los que os guste la Belleza con mayúsculas. También, evidentemente, hay otro Amsterdam, el de los Coffeeshops y el Barrio Rojo, y tiene su público, juvenil sobre todo. Pero yo os quería hoy hablar de éste, del mío.
P.S. Iba a comprarme algo de música holandesa, y de hecho me he traído jazz de una holandesa de nombre inescribible para mí ahora, pero si de verdad queréis saber qué es lo que más oí allí, en bares y demás, fue a Aime Mann, la BSO de Magnolia, que creo que no había puesto por aquí. Y otro día os hablaré de lo que sonaba en mi habitación al apagar la BBC y ponerme el disc-man. Tiene que ver con lo que os pongo para escuchar además, no os quejéis. Salud.

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domingo, julio 29, 2007










Los cafés de Viena







Ya sé que los cafés de Viena tienen fama mundial, además del café vienés, y por eso hoy os pongo alguna de las fotos que hice de ellos. El American Bar (los muy estúpidos de los camareros no me dejaron hacer una foto del interior) fue diseñado por Adolf Loos, el mejor arquitecto de la Viena del principio de siglo y del que ya os puse esa imagen de su mejor edificio en Michaelerplatz.


El Café Central, de visita obligada y menú de 7.90€ sin bebida (pedid cerveza, lo demás es carísimo) es un café precioso y lujoso con un escaparate de tartas impresionante, periódicos de todos los países importantes es lo mejor de Viena. Allí iba Altenberg, Werfel, Zweig, Freud, Kraus..., todo lo más granado de la intelectualidad vienesa y centroeuropea.


Por último, la última foto que me deja subir blogger, el café Diglas, al que no me dio tiempo a entrar, con pianista incluido, en la calle donde estaba la mejor librería de Viena, que ya pondré en otra ocasión.


Como ya dije un día, un libro reciente, finalista del premio Anagrama de ensayo, Poéticas del Café, de Antoni Martí Monterde, analiza la presencia y la importancia del Café como local en la forma europea de ser, en la conformación de un tipo de intelectual y de manera de interpretar el mundo. El libro es interesante, pero no definitivo, en ocasiones se hace moroso y en otras pasa de puntillas sobre aspectos o escritores que a uno le gustaría que tuvieran más presencia, pero es un buen intento de sistematizar lecturas interesantes que pocas veces habían sido leídas y relacionadas con anterioridad entre sí.
P.S. Desde el ciber, hoy pondría algo de música de jazz, por eso de que en Centroeuropa le tienen mucha querencia (hermosa palabra), sobre todo en Praga. Lo último que me compré, unos dobles de Blue Note que se llaman Evening, Smoking..., variados y baratitos.
Salud.

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sábado, julio 28, 2007










Horario de Bratislava



Si lo que se cuenta en un libro de lo ocurrido en un día es un diario, lo que se cuenta de lo ocurrido durante unas horas será un horario. En Bratislava estuvimos unas horas. Resulta que Viena y Bratislava son las dos capitales europeas más cercanas, unos 60 km, así que podía ser una excursión perfecta. Al principio la ciudad es bastante descorazonadora, tiene un tufillo soviético que tira de espaldas, pero la zona histórica sí que parece recordar a Praga, con sus edificios del XVIII, su cerveza (infinitamente mejor que la austriaca), sus precios y su discurrir tranquilo. Vi tiendas de artesanía preciosas, abundantes estatuas de las que os voy a poner alguna muestra, aunque no las dos primeras no sean mías para no llenar el blog de megas.

Por supuesto está el Danubio, que no es azul pero se le ve con bastante vidilla, más que la que se observa en España, que en las más de ocasiones son vertederos tolerados. Quizá no sea una ciudad para una larga temporada (parecía bastante tranquila), pero estupenda para un fin de semana.


De repente, cayó una tormenta de verano, con un chispazo que oímos a escasos metros, y la luz y olor cambiaron.

Aquí al lado os he puesto a Andy Warhol, que por lo que se ve era originario de Bratislava, y la última foto que os pongo es de Hans Christian Andersen, que no sé qué pintaba allí pero que era graciosa. Tanto en Praga como en Bratislava, es decir, en lo que era la antigua Checoslovaquía, se ve que el surrelismo tenía bastante adeptos, ya que entroncaba con cierta tradición cultural naïf e infantil y es habitual encontrarse con esculturas, juguetes y demás que nos lo recuerden. Aprovecho que estoy en un ciber para subir todo esto, aunque me parece que blogger no me deja más.
P.S. De fondo ayer me compré en BCN un cd de remixes de Kings of Convenience que creo que se llama Versus y que me pareció bien, animado, moderno sin estridencias y amable, para el verano, vamos.
Salud.

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lunes, julio 23, 2007



La mirada de las estatuas




Ya creo haberlo dicho por aquí con anterioridad, una de las cosas que más envidia me dan de salir al extranjero, a algún extranjero, además de la conciencia ecológica, el nivel cultural medio, las librerías, el grado de civilidad (mejor me paro...), son las estatuas que jalonan casi cualquier recorrido. Tienen muy claro que hay personajes que merecen ser recordados unánimemente y tratados con respeto y en Viena, Berlín, Londres, Praga... es habitual encontrarse con bellas estatuas. Hoy, si no me canso antes de darle a los pedales del ordenador, y es que casi voy a pedales, os pongo alguna de Viena.


La de arriba del todo es de Peter Altenberg, uno de esos personajes de la época dorada de la literatura de Café de Viena, de los que vivían allí y a veces iban a dormir, por el día, a algún antro o pensión de mala muerte. Esta estatua preside la entrada a unos de los mejores Cafés vieneses, el Café Central, donde iba toda la intelectualidad vienesa y centroeuropea (Kraus, Zweig, Freud, Werfel, Schnitzler...). De los Cafés con mayúscula y de un libro que los analiza, de Antoni Martí Monterde, Poética del Café, hablaremos otro día, que lo merece. Ah, por cierto, si no había 20 periódicos diferentes para leer allí, varios en lengua no alemana, no había ninguno. ¿Eso quiere decir algo?


Vista la velocidad de subir fotos, cierro con una que también me hizo gracia, una placa que recordaba que allí, en ese hotel, se reunían a menudo Franz Kafka y su amigo Max Brood, su albacea y al que le debemos, a su supuesta traición a la petición de su amigo de que quemara al morir todas sus obras inéditas, debemos, decía, una de las obras puntales de la literatura occidental, la obra de Kafka. La placa está enfrente del Café Hawelka, uno de los más acogedores y cálidos, menos "puesto" que el Central, eso que los británicos denominan "cosy", como ese jersey dado de sí que nos ponemos en casa cuando hace frío.


P. S. Hoy de fondo suena algo elegante que volví a recordar el otro día oyendo a mi amigo Sergio Algora en una de sus sesiones de DJ, Richard Hawley en Cole's Corner, su magnífico último cd con la esplendorosa canción The Ocean. Si no lo tenéis, id a buscarlo ya!

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