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miércoles, octubre 08, 2008





El mundo a los pies


Así como siempre que puedo en mis viajes me gusta visitar algún mercado, cuanto más popular mejor, e incluso algún cementerio (se aprende mucho de las culturas viendo cómo se trata a los muertos), cada día me gusta más contemplar las ciudades desde alguna altura considerable, ver los trazados de las calles, las terrazas con su ropa tendida, lo que normalmente se guarda en las alturas.





En ocasiones, como en el maravilloso elevador de Santa Justa lisboeta que os pongo aquí al lado, es una construcción casi surrealista, como una habitación, que te transporta a las calles de más arriba y que te permite admirar todo el trazado de una zona, en este caso La Baixa que diseñó para la Lisboa post-terremoto el marqués de Pombal. Recuerdo que cuando leí El invierno en Lisboa de Muñoz Molina, no entendía eso de un ascensor que te sube a otro barrio, al verlo sí.




Sin embargo, lo más frecuente, es alguna torre de iglesia. Es el caso de muchas ciudades europeas construidas alrededor de una catedral, o donde, al erigir la iglesia, se coloca en un lugar preminente.



A mí me gusta especialmente Milán, subir a las cubiertas de Il Duomo y pasear por allí arriba es un espectáculo fascinante que bien vale los 7 € que cuesta el ascensor. Se siente uno, como un Fermín de Pas de La regenta o un diablo cojuelo, con la ciudad a los pies, observando aquello vedado para muchos. Y además, tener las estatuas a unos metros de uno, esa maravilla que son las gárgolas (prometo post) con todos sus detalles, es una sensación impagable.
P.S. Muchas canciones hablan de estar por las alturas, desde "Higher" de The Cure hasta "Hanging on your ego" de The Pixies, pasando por "Hanging on the telephone" de The Blondie. Vosotros mismos.










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domingo, agosto 24, 2008

Saber y perder/ lo tengo por costumbre


Elogio de los tranvías lentos




Ya he hablado en ocasiones del gusto que tengo por las ciudades con río y/o canales, y más si son navegables (me hace ilusión ver en el Ebro estos días unos pequeños barquitos que hacen la ruta de la Expo y algunos embarcaderos que han hecho en el río, ya se podía haber hecho antes...). Eso le da un aire contemplativo a la ciudad, un sosiego y una tranquilidad de las que bien necesitadas están nuestras ciudades. Ver un río que se desliza suavemente, con aguas limpias y lleno de vida, es una gozada, sentarse en su ribera y mirar hacia afuera y hacia adentro.



Pues los tranvías no dejan de ser ríos en las calles, tienen esa característica de permitir la reflexión y la mirada exterior. Y puestos a elegir, me gustan los tranvías destartalados, de madera, como los que yo cogía en mi infancia en Zaragoza para ir a la torre de mis abuelos (ya hablaré un día de eso), que recuerdo que el timbre para pedir parada se oprimía con el pie. Ese 28 de Lisboa, cuyo recorrido es un auténtico patrimonio para la Humanidad (y creo que lo iban a proteger así), los de Praga, eficaces, el sube y baja de algunas líneas de Bruselas (una excelente oportunidad de ver barrios que si no nunca visitaríamos) o los de Milán, que os voy poniendo en fotos (la primera es la estación de Puerta Génova, y el tranvía era el 9). Me gusta el ruido que hacen, su toque de campana, que en Milán sus conductores tengan que bajar, tranquilamente, a hacer el cambio de vía, que te dé el aire sin contaminar, que estén fabricados en Manchester o en el Berlín de los años 20. Son pedazos de historia que, sin romanticismo, van por algunas calles de la vieja Europa. El año pasado, en La Coruña, también había uno, viejo pero arreglado, que en temporada turística lleva a la Torre de Hércules y hace un majestuoso recorrido por Riazor y toda la bahía. Algo es algo. Los nuevos que ponen en ciudades como Barcelona y Valencia están bien, son tranvías, y recuperar esas vías de los coches para el público está bien, pero a mí dejadme con los viejos.




Una vez leí que un arquitecto zaragozano los colecciona, y que en una nave cercana a Zaragoza guarda 40 o así, ¡qué gozada!


P. S. no recuerdo úna canción que hable de tranvías, pero este disco de Steve Reich y Kronos Quartet con la colaboración de Pat Metheny sí que me gustaba, atmosférico y relajado. Salud.

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jueves, agosto 21, 2008

Somos verdaderos gigantes / y a cada instante / nos mata David




Un viaje libresco





Bueno, ya tengo fotos del reciente viaje a Italia (Bérgamo, Milán y Pavía), así que de paso que escribo algo pondré alguna, aunque veo que pesan bastante y que desmadejan un poco la presentación. Empiezo con ésta de la zona de Il navigli, los canales de Milán, zona de salir de cena y paseo. Cuando fui a las cinco de la tarde parecía que hubiera caído una bomba nuclear, pero al bajar el sol se animó bastante.



Mi amigo Alfonso (http://elreinodeestemundo.blogspot.com) me ha pisado una entrada que quería escribir sobre librerías, pero ya se me ocurrirá algo. Soy de los que piensan que una librería, una tienda y un bar son mis propias delegaciones diplomáticas en el extranjero, mi patria personal, donde siempre se encuentra uno a gusto y encuentra seres de inquietudes similares.


Dentro de las sorpresas que me ha deparado Milán, o esas casualidades a las que no queremos resistirnos, quiero señalar que en uno de mis rincones favoritos, la piazza dei Mercanti (no sé si lo escribo bien, un año de estos empezaré con el italiano), me encontré con una expo estupenda que se me escapó por unos días en Amsterdam (me parece que lo conté aquí) del fotógrafo norteamericano Weegee, experto en fotoperiodismo y en retratar la vida de los bajos fondos de los EE. UU. de los años treinta y posteriores. Para los que os suene de algo, era el fotógrafo al que se le llamaba Public Eye y cuya vida tuvo una buena adaptación cinematográfica en la piel de ese excelente actor que es Joe Pesci. Pues allí me esperaba esa expo, el Weegee desconocido, que tenía además material raro como unos cortos grabados por el propio Weegee. El marco, por si fuera poco, era, literalmente, incomparable, un palacete renacentista que dejaba asomar sus frescos encima de las escalofriantes y emocionantes fotos de Weegee.


Me vuelve a asombrar de Milán que esa ciudad paradigma del diseño y de la calidad de vida tenga tanta pobreza y cutrerío, además de que se respirara un ambiente bastante berlusconiano. Las otras dos ciudades pequeñas que visitamos, Bérgamo y Pavia, tenían más encanto y homogeneidad, al menos en determinadas zonas. Y es que el hecho de que estas ciudades conserven una zona monumental sin mucha alteración posterior les confiere un encanto para un pobre españolito acostumbrado a ver edificios renacentistas al lado de bloques de 10 alturas y cosas así.


A los tranvías de Milán les dedicaré otra entrada.


P. S. Como en los hoteles había canales musicales, he oído alguna cosa interesante, además de Il Genio, pero me traje otro cd de Paolo Conte, Impressions of jazz, donde se dedica a colaborar con su xilófono en varias formaciones italianas de dixie. A ver si encuentro algo en Youtube.
Salud.

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domingo, agosto 17, 2008

Extras. Todos somos sobras/ Nadie es de veras / y nunca es el lugar








Los milaneses matan en 15 de agosto





Recién vuelto de Milán y alrededores (ya os pondré fotos), una incursión al ciber y os subo el vídeo de un grupo italiano nuevo que me gustó (ventajas de poder ver canales de vídeo musical en el hotel de Milán) y cuyo cd no paro de poner, Il Genio y su hit "Pop porno". Ya sé que es naïf y demás, pero se me pegó como una lapa y no he querido resistirme. Y he buscado además un par de fotos de la zona de Il navigli, que no conocía y que me ha sorprendido. Allí descubrí un encanto de librería de viejo (prometo post sobre las librerías) que se llama "Il libraccio" y cuya web os pongo aquí (http://www.libraccio.it/).
Hala, mañana sigo, que tengo antojo de una buena ensalada de alubias para que se diluya tanta pasta como he comido.
Salud.

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