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domingo, agosto 24, 2008

Saber y perder/ lo tengo por costumbre


Elogio de los tranvías lentos




Ya he hablado en ocasiones del gusto que tengo por las ciudades con río y/o canales, y más si son navegables (me hace ilusión ver en el Ebro estos días unos pequeños barquitos que hacen la ruta de la Expo y algunos embarcaderos que han hecho en el río, ya se podía haber hecho antes...). Eso le da un aire contemplativo a la ciudad, un sosiego y una tranquilidad de las que bien necesitadas están nuestras ciudades. Ver un río que se desliza suavemente, con aguas limpias y lleno de vida, es una gozada, sentarse en su ribera y mirar hacia afuera y hacia adentro.



Pues los tranvías no dejan de ser ríos en las calles, tienen esa característica de permitir la reflexión y la mirada exterior. Y puestos a elegir, me gustan los tranvías destartalados, de madera, como los que yo cogía en mi infancia en Zaragoza para ir a la torre de mis abuelos (ya hablaré un día de eso), que recuerdo que el timbre para pedir parada se oprimía con el pie. Ese 28 de Lisboa, cuyo recorrido es un auténtico patrimonio para la Humanidad (y creo que lo iban a proteger así), los de Praga, eficaces, el sube y baja de algunas líneas de Bruselas (una excelente oportunidad de ver barrios que si no nunca visitaríamos) o los de Milán, que os voy poniendo en fotos (la primera es la estación de Puerta Génova, y el tranvía era el 9). Me gusta el ruido que hacen, su toque de campana, que en Milán sus conductores tengan que bajar, tranquilamente, a hacer el cambio de vía, que te dé el aire sin contaminar, que estén fabricados en Manchester o en el Berlín de los años 20. Son pedazos de historia que, sin romanticismo, van por algunas calles de la vieja Europa. El año pasado, en La Coruña, también había uno, viejo pero arreglado, que en temporada turística lleva a la Torre de Hércules y hace un majestuoso recorrido por Riazor y toda la bahía. Algo es algo. Los nuevos que ponen en ciudades como Barcelona y Valencia están bien, son tranvías, y recuperar esas vías de los coches para el público está bien, pero a mí dejadme con los viejos.




Una vez leí que un arquitecto zaragozano los colecciona, y que en una nave cercana a Zaragoza guarda 40 o así, ¡qué gozada!


P. S. no recuerdo úna canción que hable de tranvías, pero este disco de Steve Reich y Kronos Quartet con la colaboración de Pat Metheny sí que me gustaba, atmosférico y relajado. Salud.

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