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lunes, julio 23, 2007



La mirada de las estatuas




Ya creo haberlo dicho por aquí con anterioridad, una de las cosas que más envidia me dan de salir al extranjero, a algún extranjero, además de la conciencia ecológica, el nivel cultural medio, las librerías, el grado de civilidad (mejor me paro...), son las estatuas que jalonan casi cualquier recorrido. Tienen muy claro que hay personajes que merecen ser recordados unánimemente y tratados con respeto y en Viena, Berlín, Londres, Praga... es habitual encontrarse con bellas estatuas. Hoy, si no me canso antes de darle a los pedales del ordenador, y es que casi voy a pedales, os pongo alguna de Viena.


La de arriba del todo es de Peter Altenberg, uno de esos personajes de la época dorada de la literatura de Café de Viena, de los que vivían allí y a veces iban a dormir, por el día, a algún antro o pensión de mala muerte. Esta estatua preside la entrada a unos de los mejores Cafés vieneses, el Café Central, donde iba toda la intelectualidad vienesa y centroeuropea (Kraus, Zweig, Freud, Werfel, Schnitzler...). De los Cafés con mayúscula y de un libro que los analiza, de Antoni Martí Monterde, Poética del Café, hablaremos otro día, que lo merece. Ah, por cierto, si no había 20 periódicos diferentes para leer allí, varios en lengua no alemana, no había ninguno. ¿Eso quiere decir algo?


Vista la velocidad de subir fotos, cierro con una que también me hizo gracia, una placa que recordaba que allí, en ese hotel, se reunían a menudo Franz Kafka y su amigo Max Brood, su albacea y al que le debemos, a su supuesta traición a la petición de su amigo de que quemara al morir todas sus obras inéditas, debemos, decía, una de las obras puntales de la literatura occidental, la obra de Kafka. La placa está enfrente del Café Hawelka, uno de los más acogedores y cálidos, menos "puesto" que el Central, eso que los británicos denominan "cosy", como ese jersey dado de sí que nos ponemos en casa cuando hace frío.


P. S. Hoy de fondo suena algo elegante que volví a recordar el otro día oyendo a mi amigo Sergio Algora en una de sus sesiones de DJ, Richard Hawley en Cole's Corner, su magnífico último cd con la esplendorosa canción The Ocean. Si no lo tenéis, id a buscarlo ya!

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2 Comments:

Blogger Alfonso said...

De acuerdo contigo en todo (menos en como se escribe Schnitzler, como siempre). Las estatuas en España sólo sirven para conmemorar a quienes son más dignos del olvido (se salvan algunas a Valle-Inclán, Baroja o Unamuno); en Zaragoza sólo encuentras bustos de políticos decimonónicos (aunque vivieran en el siglo XX) mediocres, por decir algo. Casi ni se dedican calles a las personas que han hecho el bien de la Humanidad, y, si se hace, parece, por ser callejuelas, que se dediquen a enemigos públicos, como decía Cela. Sigo esperando ver fotos de Viena. Un saludo

4:25 p. m.  
Blogger narrow said...

Ya está corregido el Schnitzler de las narices. El tema de las estatuas da mucho de sí...

7:59 p. m.  

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