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jueves, julio 19, 2007








Una peli fugaz








Mientras espero el enésimo autobús de mi vida (si me cayeran encima sólo los billetes que he comprado moriría aplastado, seguro) me da tiempo a escribir brevemente sobre la última peli que he visto, ésta, Jindabyne, que es la segunda peli del director de Lantana, Ray Lawrence, que me gustó mucho. Lo he titulado una peli fugaz porque veo en la cartelera de Zaragoza que hoy ya desaparece, y eso que mis adorados cines Renoir (os recomiendo que os saquéis su tarjeta que os permitirá ir a precio de día del espectador de lunes a viernes, http://www.cinesrenoir.com/ y así apoyamos las iniciativas que merecen la pena.)



Pero a lo que vamos. Jindabyne está basada en un cuento de ese estupendo escritor que fue Raymond Carver, un relato titulado Demasiada agua tan cerca de casa y tiene la mayoría de los elementos del universo de Carver, aunque traspasado al espléndido paisaje australiano: ese extrañamiento en los personajes, esa desubicación, esos silencios absolutamente elocuentes, esa incomodidad... Es una peli de atmósfera, como le ocurre a los cuentos de Carver, donde lo que se sobreentiende es más fuerte que lo explicitado. Protagonizada por un espléndido Gabriel Byrne (¡cómo me gustó en Muerte entre las flores!) y por una actriz desconocida para mí, aunque por lo que se con amplia experiencia, pero también con una gran intensidad interior, si se puede decir así, Laura Linney, tiene cosas que a los que les gustó Lantana les parecerá también familiar, aunque de ritmo más moroso, más de meandros de río como el que sale en la peli.


Yo os la recomiendo, aunque sale uno del cine con una cierta tristeza y desasosiego. A ver si veo alguna comedia redonda y os la puedo rerecomendar.


P. S. La banda sonora es de Paul Kelly, australiano del que os aconsejo todo, especialmente Comedy o Wanted Man.
P. S. Esto está escrito hace 2 días, así que se lee antes de lo del secuestro de El jueves.







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2 Comments:

Blogger Pilar said...

Pues no, efectivamente no está en la cartelera. Sí que fue fugaz, sí.

Al hilo de tus comentario sobre las esperas de bus, quizá la solución dentro de unos años sea el City-Car, un invento que se presentó el otro día en Zaragoza. Cuando vi al alcalde rodeado de sus muchachos se me revolvió el estómago, pero eso no impide que la idea pueda funcionar. Consiste en un automóvil ligero y barato (1.800 euros), que plegado como un carrito de la compra ocupa como medio Smart. Se aparcan en sitios predeterminados, donde se recargan eléctricamente, por lo que no tienen motor, lo que evita la contaminación y lo hace muy ligero. Alcanzan 80 km/h. pero porque están diseñados así, no porque no puedan ser más veloces. Se pretende que pueda tenerse en propiedad o alquilarlo cuando lo necesites. Algo así como lo que pasa en algunas ciudades con las bicis. Está pensado para desplazamientos cortos, aunque tiene bastante autonomía. Y todo esto funcionando en dos o tres años en nuestra inefable Zaragoza. La idea, insisto, creo que es buena. A ver cómo se las ingenian para fastidiarla.

11:59 a. m.  
Blogger narrow said...

Mis esperas de autobús suelen ser más bien interurbanos, en la ciudad intento patear todo lo que puedo, a no ser que vaya lejos o necesite aire acondicionado. Si se va con prisa y cerca lo mejor es andar.
No sé yo qué saldrá de esa idea...
Gracias.

8:03 p. m.  

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