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miércoles, septiembre 24, 2008


Además del cielo, también hay otro lugar donde nunca pasa nada


Me imagino que el que el que más y el que menos habrá oído o leído algo de esta simpática campaña de promoción de este pueblo del Maestrazgo turolense. Como yo les tengo cariño a estos pueblos donde nunca pasa nada, os pongo el enlace:


P.S. La web tiene música y voces. A disfrutar

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martes, marzo 25, 2008




Un viaje de río, libro y música






Si el último día que os dejé había venido de Amsterdam cogiendo, por orden de aparición, un tranvía, un tren, un avión y un autobús, todo eso en unas cinco horas, al día siguiente, jueves 20, decidí practicar la filosofía "slowly" y acaracolada, e irme para Zaragoza de una de las formas más lentas posibles, en un tren regional que va remontando todo el Ebro. El recorrido es espectacular, no os detallo aquí todas las paradas que hice (el blog no me daría casi espacio) y, sobre todo el tramo hasta Caspe, de lo más bonito que se puede ver en un paisaje de interior no de alta montaña. El monte estaba precioso, con un día despejado, los árboles con sus incipientes flores y el río con un color azul-verdoso profundo. El tren avanzaba traqueteante, además con bastante pasaje (que aguantarmos las más de 4 horas hasta Zaragoza ya fuimos menos), en momentos a escasos 5 ó 6 metros del Ebro, de unos viñedos que dan algunos de los mejores vinos españoles (por ejemplo Capçanes o Marçà, de la comarca del Priorat, aunque dentro de otra denominación de origen también excelente pero más barata, Montsant), de los cultivos de trigo y de los pinares. Es un viaje por las esencias del cultivo mediterráneo que os recomiendo a todos los viajeros lentos. Para ir más rápido hay otras vías.


A este placer hay que añadir dos más, complementarios al menos para mí: ir leyendo y oyendo música. El libro que elegí para el viaje es éste, Un saco de canicas, del autor francés Jacques Joffo, una autobiografía hecha desde la madurez de su infancia como niño judío en Francia en los años de la 2ª Guerra Mundial, y que desde ya pasa a ser uno de mis clásicos. El libro rebosa alegría y optimismo, pese a referirse a hechos tan tristes, está excelentemente bien escrito y tiene ese elemento de bildungsroman que tanto me suele gustar y atraer.


P.S. No me olvido de la música. Todo el viaje fui oyendo a Calexico, cuya discografía completa en mp3 me bajó Alfonso. No sé con qué cd quedarme, ahora suena Spoke, y esa música de frontera que os recomendé en la entrada de No es país para viejos, era la banda sonora ideal para ese paisaje seco, árido y duro de pueblos como Samper de Calanda, que estaba celebrando la Semana Santa con su sonar atronador. Que vaya bien todo.

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sábado, noviembre 03, 2007



donde el Duero traza su curva de ballesta




De nuevo en casa, en alguna casa, que dice, y me aplico, Andrés Calamaro. He adelantado el viaje porque me pesaba el alma y las ganas de estar en una geografía reconocible y, por consiguiente, algo acogedora.

No voy a ser nada original, pero lo mejor de Soria es lo que no es, y, sobre todo, la naturaleza, y el claustro templario de San Juan de Duero, y el paseo a San Saturio, y los torreznos, y las cañas bien tiradas, y el románico... Y lo peor era yo, lleno de aristas tristes, así que a plegar velas y otra vez será.

Ya en Zaragoza, abusando de la hospitalidad de Alfonso y Esther en forma de ensalada, jarretes guisados, rioja, té (los buñuelos los he traído yo de Soria, de la pastelería York, la mejor) y ahora un Knockando e internet, echo la vista atrás y veo que ayer venía a estas horas de ver la ermita de San Saturio, situada al lado de un Duero ensimismado que espejeaba entre las titilantes hojas de chopos, robles y castaños. Una de esas veces en que la contemplación de la belleza casi hace daño.

Cambiando de tercio, ya he tenido mis primeros regalos de cumpleaños, un pack de pelis de Billy Wilder de la primera época, una novedad sobre Trieste de Pretextos, la colección estupenda Cosmópolis, y el cd que pondré en el post scriptum. Saludos.

P.S. El cd es Autour de Lucie, del grupo francés homónimo, adecuado por su suavidad pop para lo que me pide el cuerpo.

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jueves, julio 12, 2007




La vuelta a casa, a alguna casa






Pues sí, de nuevo en alguna casa, que decía el Calamaro de Honestidad Brutal, si no recuerdo mal. Nada más llegar ayer de Viena estuve a punto de poner una entrada para tener las cosas frescas, pero como dice aquél, cuando viaja uno en medios de transporte raudos, primero llega uno y luego su alma, así que lo dejé para hoy.


Todavía no he puesto las fotos en el ordenador, así que tardaré unos días en subir algunas. He hecho algunas de mis series favoritas: estatuas en la calle, farolas, cafés, gárgolas... No he querido hacer ninguna de cuadros porque realmente en la red se encuentran bien las imágenes, además de que esté prohibido hacerlas con flash y entonces quedan flojas.


¿Impresiones? Un poco de todo. Como dice mi amigo Jose Ramón Díez Espinosa, son raritos los austríacos, me ha costado un montón encontrar libros de mis favoritos (Roth, Zweig, Kraus, Schnitzler...) y nada en inglés, excepto una guía artística de Viena, los cafés son estupendos (los locales, me refiero, la bebida que ponen como café no tanto), en los museos, carísimos, puedes pasar buenos ratos sobre todo a mí que me encanta el expresionismo y obras como la de Egon Schiele que ilustran este post. No tiene ni de lejos la vitalidad de Berlín ni el encanto de Praga (ni los turistas, todo hay que decirlo, ni la cerveza) y es un sitio tranquilo y amablemente civilizado, aunque con un aire un poco demodé, finisecular. Ya iré poniendo cosas del diario de viaje que fui escribiendo. Estábamos al lado del Prater y la mayor parte de los desplazamientos que hacíamos eran en tranvía, que es una excelente manera de ver una ciudad, sobre todo si pasan por la parte más antigua. Seguiremos informando.


P.S. La música mental que me acompañó durante todo el viaje fue Trans Europe Express, de Kraftwerk, que será lo que oiga al llegar a casa. Me parece una música adecuada para las visitas a los lugares con historia de Europa, los sitios donde han ocurrido las cosas que han conformado una cierta forma de ser. Su toque de frialdad supuesta, su perfección formal y melódica, su última canción que se queda con un vocoder repitiendo en un bucle "Europe endless" son excelentes para que no todo sea Strauss y familia (su estatua dorada en el parque de Staad es lo más kistch del viaje). Auf Wiedersehen!

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domingo, mayo 06, 2007




La mirada extraña









Uno de los subgéneros literarios que más me gustan desde hace años, desde que me puse a leer memorias y autobiografías de comienzos de siglo, son los viajes por España de esa época, teñidos en ocasiones de ensayo o de apreciaciones muy subjetivas. Creo que el primero que me leí fue el del comunista ruso Ilia Ehrenburg, España, república de trabajadores, que era como se definía a sí misma la 2ª república. Es un libro precioso, que no sé si se ha reeditado (estaba en Crítica, saldado) y que recomiendo fervorosamente. Luego seguí, creo, por Gerald Brenan, El laberinto español, que reconozco que me defraudó un poco. También Walter Starkie, Aventuras de un irlandés en España (ando buscando otro de él por el estilo, Don Gitano), también hoy difícil de conseguir y excelente.


La mirada de un extranjero sobre el país de uno suele ser muy esclarecedora, muy limpia de prejuicios y apriorismos, al menos de los propios del país, y siempre es una bocanada de aire fresco que reconforta, o incomoda, al lector. Los viajeros ingleses o centroeuropeos suelen ser los más observadores, por eso de la distancia.


Todo lo anterior para señalar que hoy he conseguido otro libro de viajes (por cierto, otro día dedicaré una entrada a los libros de viaje en general y os recomendaré a una amiga mía, Esther Ortas, una autoridad en el tema, pero eso será otro día). El libro de hoy es del personaje de la foto, el checo Karel Capek (la C lleva una marca que hace pronunciar Chapek, pero no sé dónde está), que inventó en su novela R.U.R. el término robot, "trabajador", imagen que os pongo aquí al lado. El libro es realmente delicioso, si vale la sinestesia, es breve, lleno de dibujitos del autor y de apreciaciones o apuntes cogidos del natural, muy frescos y chispeantes. Ah, el libro se titula Viaje a España (1930), y también es difícil de pillar, tiene sus buenos 18 años y está en Hiperión. Pero en Zaragoza, la librería Antigona, una de las mejores para conseguir rarezas (y es que su dueño, Pepe, es un amante lector y eso se nota) lo tenía, y sólo por eso ha merecido la pena el paseo hasta la zona universitaria.
P. D. Evidentemente no suena música robótica, aunque podría, si no el 2º lp de los australianos Go Betweens, Before Hollywood, por un motivo que os contaré otro día.

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