narrow

sábado, junio 07, 2008



Elogio de la antiguas estaciones de tren


Aquí ya he hablado de mi gusto por viajar en tren y cómo, el traqueteo del tren, está en mis venas desde pequeño. Con un mes de vida, en diciembre, mi madre ya me llevó al pueblo en uno de esos trenes que tardaban casi cuatro horas en hacer el recorrido hasta Monreal del Campo, con esos inviernos de verdad que congelaban hasta el pensamiento.



Pero el ritual del tren, su magia, sería menor sin las estaciones. Así como las estaciones de bus siempre son antipáticas, con sus autobuses atufando, sus manchas de aceite, las de tren, sobre todo en las que el tren la atraviesa de un sentido a otro, tienen algo especial. En España hay muchas que me gustan, aunque sean de parada y marcha atrás como la de Valencia, la de Francia de Barcelona que abre este post, la de Atocha. Son auténticas catedrales de la industrialización, con su arquitectura de hierro y aire. Incluso las modestas de ladrillo hechas en los pueblos de España a finales del siglo XIX o comienzos del siglo XX tienen su encanto indefinible.


Sería una pena que se perdieran, ahora que parece que todo tiene que ser AVE y poco más. Me he pasado yo muchas horas en este descampado mirando las estrellas fugaces de agosto (alguna vez incluso con presencia de la Guardia Civil), despidiéndome o simplemente paseando. Tienen algo de evocador de otro tiempo, de otro ritmo, como de foto antigua, del abuelo que te venía a buscar con un carretillo chirriante para llevarte las maletas y los bultos (¡qué bonito que esos baúles grandes se llamaran "mundo"!). Espero que la recuperación y transformación de antiguas vias ferroviarias en Vías Verdes para el cicloturismo permitan que sigan en pie por muchos años.


P.S. La música la subí ayer, el "Trans-Europe express" de Kraftwerk, pero dejadme añadir esta foto antigua de una de las estaciones europeas más emblemáticas, la Friedrich-Strasse de Berlín, la estación de las lágrimas, como se la conocía en los años oprobiosos del muro, donde las familias del Este y del Oeste de Berlín se despedían. Visita obligada en Berlín, aunque ya no se parezca a la foto.
Salud.

Etiquetas: , ,

jueves, julio 12, 2007




La vuelta a casa, a alguna casa






Pues sí, de nuevo en alguna casa, que decía el Calamaro de Honestidad Brutal, si no recuerdo mal. Nada más llegar ayer de Viena estuve a punto de poner una entrada para tener las cosas frescas, pero como dice aquél, cuando viaja uno en medios de transporte raudos, primero llega uno y luego su alma, así que lo dejé para hoy.


Todavía no he puesto las fotos en el ordenador, así que tardaré unos días en subir algunas. He hecho algunas de mis series favoritas: estatuas en la calle, farolas, cafés, gárgolas... No he querido hacer ninguna de cuadros porque realmente en la red se encuentran bien las imágenes, además de que esté prohibido hacerlas con flash y entonces quedan flojas.


¿Impresiones? Un poco de todo. Como dice mi amigo Jose Ramón Díez Espinosa, son raritos los austríacos, me ha costado un montón encontrar libros de mis favoritos (Roth, Zweig, Kraus, Schnitzler...) y nada en inglés, excepto una guía artística de Viena, los cafés son estupendos (los locales, me refiero, la bebida que ponen como café no tanto), en los museos, carísimos, puedes pasar buenos ratos sobre todo a mí que me encanta el expresionismo y obras como la de Egon Schiele que ilustran este post. No tiene ni de lejos la vitalidad de Berlín ni el encanto de Praga (ni los turistas, todo hay que decirlo, ni la cerveza) y es un sitio tranquilo y amablemente civilizado, aunque con un aire un poco demodé, finisecular. Ya iré poniendo cosas del diario de viaje que fui escribiendo. Estábamos al lado del Prater y la mayor parte de los desplazamientos que hacíamos eran en tranvía, que es una excelente manera de ver una ciudad, sobre todo si pasan por la parte más antigua. Seguiremos informando.


P.S. La música mental que me acompañó durante todo el viaje fue Trans Europe Express, de Kraftwerk, que será lo que oiga al llegar a casa. Me parece una música adecuada para las visitas a los lugares con historia de Europa, los sitios donde han ocurrido las cosas que han conformado una cierta forma de ser. Su toque de frialdad supuesta, su perfección formal y melódica, su última canción que se queda con un vocoder repitiendo en un bucle "Europe endless" son excelentes para que no todo sea Strauss y familia (su estatua dorada en el parque de Staad es lo más kistch del viaje). Auf Wiedersehen!

Etiquetas: , ,