
Bares, qué lugares...
Tan gratos para conversar, sigue la conocida canción de Gabinete Caligari, y de eso os voy a hablar, de bares y de Madrid.
El sábado quedé con mi amigo pucelano José Ramón Díes Espinosa en Madrid, como esas parejas de amantes que quedan a mitad de camino. En este caso sólo era (y ese "sólo era" es mucho, es amistad, complicidad...) para ver alguna expo y compartir un rato entre barra y barra. 

Ya he dicho por aquí que me gusta mucho cómo tiran la cerveza en Madrid, y de todos los bares que conozco, en el que mejor lo hacen es en éste de estas dos primeras fotos, la Taberna la Dolores, en la calle Jesús, casi enfrente de la iglesia de Jesús de Medinacelli, que más de una semana santa me ha perseguido con sus procesiones. Allí, sin darnos cuenta, al abrigo de la conversación, entre tapas de salmón, ventresca, queso con anchoas y demás, cayeron unas cuantas cañas de esas que dejan en el vaso la marca de los tragos. Al acabar la tarde, volvimos para despedirnos del bar.
Después de una cañita en la Cervecería Santa Ana, también bien tirada, probamos las gambas al ajillo de El Abuelo, muy ricas. Yo tenía el antojo de las patatas bravas (prometo post sobre el particular) y fuimos al callejón de Gato (Don Álvarez Gato)
a mirarnos en los espejos valle-inclanianos, pero estaba cerrado, aunque al girar la esquina hay otro de la misma casa, Las bravas, con su salsa patentada. Me encanta esa salsa roja con sus patatones recién hechos, al igual que los calamares, aunque éstos estaban recalentados en freidora, pese a lo cual seguían tiernos y jugosos.
a mirarnos en los espejos valle-inclanianos, pero estaba cerrado, aunque al girar la esquina hay otro de la misma casa, Las bravas, con su salsa patentada. Me encanta esa salsa roja con sus patatones recién hechos, al igual que los calamares, aunque éstos estaban recalentados en freidora, pese a lo cual seguían tiernos y jugosos. Ya casi ahítos, todavía con un hueco en el estómago, propuse o
tro de mis clásicos de Madrid, el Casa Labra, mítico local donde se fundó la UGT y al lado de Preciados. Allí, siempre a piñón fijo, pedí mis dos clásicos, las croquetas de bacalao (melosas, con su punto de nuez moscada), y las tajadas de idem (por cierto, cada vez más pequeñas). Tuvimos que hacer fila (la gente se llevaba cucuruchos de croquetas y tajadas a casa), pero mereció la pena. Os pongo una foto para que os entre todavía más hambre. 
tro de mis clásicos de Madrid, el Casa Labra, mítico local donde se fundó la UGT y al lado de Preciados. Allí, siempre a piñón fijo, pedí mis dos clásicos, las croquetas de bacalao (melosas, con su punto de nuez moscada), y las tajadas de idem (por cierto, cada vez más pequeñas). Tuvimos que hacer fila (la gente se llevaba cucuruchos de croquetas y tajadas a casa), pero mereció la pena. Os pongo una foto para que os entre todavía más hambre. 
De allí fuimos a tomar el café a otro clásico, la Mallorquina de la Puerta del Sol. Yo no me pude resistir a esa napolitanas que, a lo magdalena de Proust, me recuerdan tantas visitas a Madrid. Eso, y un buen vaso de agua del grifo (allí me sabe muy buena y fresca el agua).
Ah, también vimos expos, la de Modigliani en el Thyssen (me gustó más la parte gratuita que hay en la Sala de las Alhajas, en la plazuela de San Martín) y la de Alphonse Mucha en el flamante Caixaforum, edificio que me gusto y me pareció otro buen referente museístico para Madrid, abierto todos los días de 10 a 10 y con la librería gestionada por laie (http://www.laie.es/), una de mis favoritas de BCN.
Etiquetas: Arte, bares, José Ramón Díez Espinosa, Madrid







