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jueves, noviembre 08, 2007





El olor naranja








Utilizo esta sinestesia para referirme al olor del azafrán, un olor realmente espectacular y que no se olvida fácilmente. Alguna vez ya he hablado por aquí de el olor de la memoria, de cómo hay olores que se nos quedan ahí, en la memoria residente que diría un informático. Pues bien, en la mía está siempre el olor del azafrán que había en el pueblo de mi madre en estas fechas, cuando se recolecta y sus delicados brines se tuestan y se guardan por si acaso vienen épocas de vacas flacas. El azafrán es muy duro de cultivar, hay que recogerlo cuando el sol no se ha levantado del todo para que las rosas estén más cerradas y sean de mejor calidad, y eso, en estas fechas y en Teruel, supone unos cuantos grados bajo cero. Además, la flor del azafrán es muy pequeña y hay que cortarla con cuidado, por lo que el trabajo es muy duro y pesado.

En el pueblo de mi madre, Monreal del Campo, existe el único museo del azafrán conocido, que además enseña una amiga mía, que podéis visitar aquí (http://www.monrealdelcampo.com/museo.htm).

Es un cultivo que parecía destinado a perderse por la oferta de otros azafranes peores y más baratos (el azafrán se vendía muy caro, se decía que porque tenía usos farmacéuticos), pero parece ser que los italianos que se inventaron la etiqueta de Slow Food, al igual que han hecho con otros productos agrícolas en recesión, han decidido apoyarlo y protegerlo y parece que va a ir poco a poco remontando el vuelo y su bella flor morada con los estambres (brines o briznes) anarajados y rojos volverá a florecer en mi memoria y a recordarme, cual magdalena de Proust, mi infancia.
Mientras tanto, yo lo utilizo sutilmente en algunos platos, los arroces, el cardo con salsa de almendras, e intento recordar dónde comí un espectacular helado de azafrán.
P.S. Hoy se puede poner alguna música tradicional de esa que hace la Ronda de Boltaña, o los gaiteros de Estercuel o algo por el estilo. Aunque los más exóticos también pueden probar con música hindú como la que sonaba en "La boda del Monzón", peli llena de colorido anaranjado.

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sábado, septiembre 29, 2007



La memoria del olor











Una de las sensaciones, en el sentido estricto de la palabra de lo que sentimos por los sentidos, es el olfato, las sensaciones olfativas, posiblemente el sentido más atávico, el que más nos vincula con la naturaleza y nuestros ancestros. Todos tenemos una memoria olfativa, desde que en los primeros días de nuestra vida aprendimos a distinguir el olor del pecho nutricio de nuestra madre, todos poseemos un código (eso de lo que habla tantas veces Ferran Adrià) de olores desde nuestros primeros días, y no sólo comida, también la lluvia en la tierra (y ese olor amarillo de cuando mi madre quitaba las persianas de madera y las lavaba en la ducha), la hierba cortada, la piel amada, el patio de casa, un buen vino recién descorchado, las hierbas aromáticas como la menta, lavanda, canela, azafrán, uno de mis olores codificados en mi memoria, el libro recién comprado y editado, el pan horneándose lentamente en una de esas pocas panaderías en la que la masa aún reposa toda la noche... La lista sería eterna y ya ensayó algo Delerm es ese libro lleno de sensaciones que tanto os recomendé, El primer trago de cerveza.


Hace poco leí en uno de esos artículos estupendos de Vicente Verdú que están preñados de ideas y de tendencias que las poderosas multinacionales del automóvil estaban ensayando ya con diversos tipos de olor para sus coches para que así el consumidor se identificara más con la brand, la marca y sus valores. Y esta semana en La vanguardia también recorté algo sobre eso, sobre cómo Zara y otras tiendas ya tenían un olor característico y diferenciador de otras cadenas.


Así que, los que tenemos la suerte de tener buen olfato (ventajas de no fumar) ya sabemos que nos vamos a encontrar cada vez más con olores que nos identifiquen, que nos retrotraigan a otros tiempos, que nos vendan recuerdos inventados: hoteles, perfumes, ropa... Pero los nuestros no nos los van a quitar. Así que, ahora que empieza el otoño, con sus hojas secas, sus setas escondidas, su humo suavemente suspendido en una mañana neblinosa, el mar embravecido, las tormentas, pronto las castañeras... a disfrutar.
P.S. Difícil me lo pongo para poner alguna canción de olor. Está el "Olor a carne quemada" de Gabinete Caligari, pero no es apropiado, o el "Smells like ten spirits" de Nirvana, pero tampoco, así queme quedaré hoy con el single de Marlango, "Hold me tigh", cuyo vídeo es sugerente y adecuado para alguna de las cosas de las que hablo, su web, http://www.marlango.net/. Que vaya lindo.

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