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miércoles, septiembre 08, 2010




El fotógrafo






[Como dijo aquél, "decíamos ayer", me he propuesto hacer una entrada semanal por lo menos]






De este periodista, para mí el mejor de España ( y lo pongo en general, sin circunscribirlo a la categoría de fotoperiodista, donde creo que nadie dudaría de que es el mejor) ya hablé aquí alguna vez, porque sus fotos, y también sus escritos e intervenciones radiofónicas, pero fundamentalmente sus fotos, son de lo mejor, de lo más humano, de lo más reflexivo y contundente que se puede ver. Y eso, además, sin dejar de tener un excelente contenido artístico. Como muestra ya puse esta foto de la biblioteca de Sarajevo después de ser bombardeda, o cualquier otra de la serie Vidas minadas, un ejemplo excelso de arte comprometido con la realidad que refleja.


El caso es que acaba de presentar en Caixafórum de Tarragona uno de sus últimos trabajos, centrado en un territorio que conoce muy bien desde hace más de 30 años, Camboya, y que ha ocupado parte de sus últimos años.


La conferencia que ha dado ha sido más bien la presentación y contextualización de la exposición, aunque no sin dar detalles de su calidez y calidad humana, al narrar su defensa de la candidatura de su amigo el prefecto jesuita Kike Figaredo para el premio Príncipe de Asturias de la Concordia y cómo le fue arrebatado por presiones de algún-os miembro-s del gobierno que dijo que la premiada tenía que ser la secuestrada Íngrid Betancourt. Sin comentarios.
Así que si queréis ver una excelente exposición, ahí la tenéis. Y también os recomiendo que sigáis el blog de Gervasio Sánchez en Heraldo de Aragón, http://www.heraldo.es/.
P.D. En mi línea habitual, una recomendación musical ad hoc, la BSO de Los gritos del silencio, de Roland Joffé, que retrataba con dureza Camboya.
Salud.

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jueves, noviembre 12, 2009



Buceando en el desierto













Hoy, en el Centro de Historia de Zaragoza, se inagura una exposición que nos gustará a todos los que amamos la música pop alternativa e independiente. Es una exposición monográfica sobre el sello discográfico grabaciones en el mar, sello básico en los años de después de la movida y donde surgieron bandas tan admiradas como El niño gusano, La habitación roja, Tachenko, Muy poca gente, La costa brava, el inclasificable Bigott, o, por decir algo más reciente, el oscense Copiloto o los zaragozanos Big City. (su enlace, http://www.grabacionesenelmar.com/). Se puede buscar el vídeo de presentación de la expo en youtube.com o en http://www.heraldo.es/, donde también podéis ver algún vídeo de los grupos estrella del sello.




Grabaciones en el mar es un sello vinculado desde siempre a Sergio Algora, de hecho creo que el nombre le debe algo a su imaginería surrealista. Allí salieron los primeros discos de El niño gusano, toda una declaración de por dónde iba a ir un cierto pop en los años 90, discos por cierto que ahora se reeditan (los dos primeros en realidad, Circo luso y El efecto lupa) con abundante material inédito.




Las producciones del sello son siempre muy cuidadas, con unas excelentes portadas (las que hacía Óscar Sanmartín para El niño gusano son de antología), buenas producciones y pocos pero bien utilizados medios, con imaginación. Así que, como consumidores responsables que tenemos que ser, apoyemos las buenas iniciativas y compremos algunos de los discos de Grabaciones en el mar, que sigue en pie desde el desierto sacando discos tan buenos como el de Copiloto que ya os recomendé.




P.S. Luego subo el vídeo de su canción "Marta y los escaparates" en recuerdo de mi abuelo, que no era oscense como Javier Almazán, (a) Copiloto, sino de Monreal del Campo, Teruel, y que habría cumplido 101 años. Saludos, abuelo.

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miércoles, septiembre 09, 2009




De exposición

El otro día en Barcelona hice algo que me parece que no había hecho nunca. Ya había visto dos pelis en dos cines diferentes en el mismo día, que es una experiencia curiosa (siempre leo varios libros a la vez, así que eso no me llama la atención. Eso sí, que sean bien diferentes), pero no había visto tres exposiciones grandes en el mismo día, de las monográficas, así que retomando mi actividad de cronista cultural alternativo y muy personal, vayamos por partes, que dijo Jack The Ripper (el chiste es de Miguel Ángel Aguilar y a mí me hace gracia).




La primera que me zampé está por pocos días, creo que hasta el 27 de septiembre, en ese marco incomparable que dice el tópico que es el MNAC, en la montaña de Monjuic. Se titula "Això és la guerra" y es una amplia muestra de la fotografía de Robert Capa, uno de los fotógrafos de guerra más conocido y de su mucho más desconocida pareja, Gerda Taro, fallecida en un accidente durante nuestra guerra incivil. Las imágenes de ambos tienen ese hálito de fotografía de urgencia, de captación del instante irrepetible, con un cierto tono épico que después ha sido tan imitado. Pese al tamaño (no eran ampliaciones, así que el tamaño es el que salía), una expo muy interesante.


De allí, previa comida en restaurante del Raval (ya creo que he escrito alguna vez que siempre que voy sin prisas a BCN intento comer en un sitio nuevo), me dirigí al CCCB a ver estas dos exposiciones de las que os pongo los carteles anunciadores, "El segle del jazz" y "Quinquis dels 80".


La primera es una exposición concebida en Francia, creo que en Lyon, y ofrece un gran repaso a la historia del jazz y algunas de sus huellas en diversas artes, pintura, cine, fotografía. Amplia, pretendidamente confusa como una jam session en la que los músicos van entrando y saliendo a voluntad (hay un momento, en el que cada uno de los pequeños altavoces reproduce jazz de una década y estilos diferentes, en que parece una suave pesadilla sonora), es una gozada ver todos sus carteles, discos históricos (ése lo tengo, éste no..., como las estampas), imágenes bellísimas y curiosas de conciertos, fragmentos de películas. Si te gusta el jazz, no te la pierdas.


Y por último, un descenso a los infiernos, un viaje a la adolescencia dura y sin concesiones, de barrio de seat 124 y pantalones de campana con alguna navaja en el bolsillo. Las pelis de quinquis, ese fenómeno sociológico de comienzos de la democracia, sus repercusiones, sus hijos del arroyo... Yo vivía entonces en uno de esos barrios de emigrantes, el barrio Oliver de Zaragoza, de chabolas y de zonas por las que no pasabas si no ibas en grupo numeroso formado por gentes de catadura similar a la que te encontrabas pululando por la calle. De hecho, una de las calles por las que podía pasar para ir al cole tenía el bonito nombre de "Regiones desvastadas". Y la expo lo recrea y explica a la perfección: los cines con las paredes de terciopelo rojo, con sus butacas con churretones sospechosos; las músicas de los Chichos, los Amaya, las Baccara...; las máquinas de millón y de marcianos (se podía jugar y todo), ese protomitología del yonqui, del que se metía de todo, del niño de 9 años que conduce por su barrio el 124; esa forma de retratar la barriada, de la que pocos salían (la lista de muertos de los que protagonizaron "El torete", "El vaquilla", "Perros callejeros"..., es impresionante. En algunos casos había mitificación del delincuente, que hacía todo lo prohibido, y por eso sonroja ver ciertas pelis pretendidamente "sociales" que se esponen. Si tenías 14 años entonces, creo que te gustará verla.


Hala pues, por hoy ya vale.

P.S. Ni Chichos ni nada, antes de empezar a oír a Kraftwerk, la música de la movida y demás, en la radio sonaba por ejemplo La Orquesta Mondragón, que tenía, alucina, a Luis Alberto de Cuenca como letrista en "Lobo feroz".

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