narrow

lunes, agosto 13, 2007




Galicia, sitio distinto




Ya de vuelta de un viaje por Galicia, sitio distinto que cantaba Antón Reixa. Aunque vaya mil veces a Santiago de Compostela, mil veces me emocionaré al llegar al Obradoiro, mil veces pasearé por sus calles porticadas, un invento maravilloso, mil albariños me tomaré, con sus tapitas... En fin, que me entra saudade. Me ocurre igual con Salamanca, son ciudades hospitalarias, tal vez por la influencia del elemento universitario, y en el caso de Santiago, además, por la afluencia constante de peregrinos. El hecho de que haya una gran cultura de bares y de restaurantes coadyuva un poco, hay que reconocerlo, al menos para éste que escribe. Libros me traigo un buen montón, algunos de ellos en portugués, lengua que me he prometido aprender ahora que ya me han enseñado en la EOI todo el inglés y el francés que se puede enseñar allí (cosa que no me creo ni de lejos, pero en fin).

Lo cierto es que desde la primera vez que fui a Santiago, allá por los años universitarios, bien lleno de Torrente Ballester y Cunqueiro, ya la consideraba como algo mío, como un sitio en el que uno podría vivir bien, aunque hay que reconocer que está lejos de todo. He echado de menos esa lluvia que tiñe la piedra musgosa de ese color tan increíble, pero otra vez será. Sitio distinto.

P.S. Las fotos no son mías, y por lo que me cuesta subirlas no sé si pondré alguna. De música cogí alguna cosa, pero lo último que oí ayer era Novoa, el grupo del guitarrista Pablo Novoa (ex-Golpes bajos), un buen cd instrumental titulado Novoa cruza el Atlántico, que seguiré escuchando. Salud.

Etiquetas: ,

domingo, febrero 18, 2007



Galicia, sitio distinto





En esta aburrida tarde de domingo invernal, de repente todo ha cambiado: en un programa de televisión de la 2, lo único que se puede ver, había un reportaje sobre Santiago de Compostela, y me ha entrado una morríña grado 9.
Uno no se siente de ningún sitio, cree que la tierra en la que uno nace no le da patente de bondad o de villanía, que uno tiene como patria la amistad y así todo puede ser mejor, pero en muchas ocasiones me he sentido gallego, porque creo que todos lo somos un poco, sobre todo si eres más bien contemplativo, lector, introspectivo, con lluvia interior en algunos días.
Me encanta Galicia, sobre todo Santiago de Compostela, la ciudad más bonita de España, si incluimos también Vitoria, Salamanca, Barcelona, San Sebastián y alguna otra tal vez. Pero Santiago es como un lugar en el que, cuando vas, ya tienes la sensación de haber estado. Me gusta la morriña, la sorna, la saudade, el albariño, el orujo, la literatura gallega, la piedra disfrazada perpetuamente de musgo...
Os he puesto una foto pequeñita de Álvaro Cunqueiro, mi autor favorito gallego, todo un clásico de la literatura que no siempre ha sido bien considerado. Me llegó hace más de 20 años de mano de mi amigo Alfonso y sus páginas me han dado siempre excelentes momentos: Merlín y familia, Un hombre que se parecía a Orestes, Las crónicas del sochantre, Fábulas y leyendas del mar, El pasajero en Galicia (que acabo de empezar y que me durará poco, y es el penúltimo libro, snif, que me queda sin leer de Cunqueiro), cualquier cosa que cojáis es estupenda y os llenará de ironía y alegría de vivir.
Sé que Galicia son muchas más cosas, y ya lo hablaré otro día (podéis visitar el blog de http://conde-duque.blogspot.com, otro letraherido, con buen gusto, y éste sí, gallego), pero hoy, la urgencia por poner algo al respecto me ha llamado.
P.D. Como no tengo ribeiro ni iba a abrir un albariño un domingo a estas horas, tomo un oporto comprado a la sombra, literal, de la Torre dos clérigos en Oporto, y oigo la música que aúna mejor la melancolía y la lluvia, Erik Satie, que después ha pasado a Bill Evans.

Etiquetas: , ,