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martes, enero 08, 2008


Píos deseos para empezar el año


Todos los años, en esta fechas, me acuerdo de este poema del poeta barcelonés Jaime Gil de Biedma (1929-1990), para mí el poeta más interesante de su generación, pues supo ironizar y distanciarse un poco de su vida de poeta. Como tantas veces ocurre, lo peor de alguien son sus seguidores, que destrozan su obra con imitaciones e intenciones diferentes al original y la desvirtúan, como le pasó a Jaime Gil de Biedma. Léase con la ironía de quien hacía muchas veces lo contrario de lo que escribía. Aquí os lo dejo.



PÍOS DESEOS PARA EMPEZAR EL AÑO


Pasada ya la cumbre de la vida,

justo del otro lado, yo contemplo

un paisaje no exento de belleza

en los días de sol, pero en invierno inhóspito.

Aquí sería dulce levantar la casa

que en otros climas no necesité,

aprendiendo a ser casto y a estar solo.

Un orden de vivir, es la sabiduría.

Y qué estremecimiento,

purificado, me recorrería

mientras que atiendo al mundo

de otro modo mejor, menos intenso,

y medito a las horas tranquilas de la noche,

cuando el tiempo convida a los estudios nobles,

el severo discurso de las ideologías

-o la advertencia de las constelaciones

en la bóveda azul...

Aunque el placer del pensamiento abstracto

es lo mismo que todos los placeres:

reino de juventud.


Poemas póstumos, 1968


P. S. La música que he elegido para esta mini-entrada ha sido, y os podéis imaginar por qué, Rufus Wainwright, Release The Stars, que no es que me entusiasme demasiado pero que tiene momentos. A disfrutar.

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lunes, marzo 12, 2007


El poeta fingidor


Me ha dado últimamente por hablar de poetas y, claro, no podía falta mi poeta favorito, este señor serio y con gabardina que pasea por la Baixa que diseñó el marqués de Pombal para Lisboa tras el terremoto que casí acabó con ella. Es, evidentemente, Fernando Pessoa, el poeta de las voces múltiples, los heterónimos, que eran segregaciones suyas que escribían de forma muy diferente a él, y cuyas personalidades le influían. Todo un caso de escritor enamorado de la escritura que ve que su obra le crece, le influye y le sobrepasa.
Y no sólo eso. A veces, cuando iba a visitar a su novia (pobre Ofélia, ¡qué dura tiene que ser la vida al lado de un genio!), no acudía él, sino Álvaro de Campos, su heterónimo más raro y vanguardista, y entonces la trataba de forma completamente diferente, con desprecio, le hablaba con palabras ininteligibles y ella se quedaba destrozada (hay una edición de las cartas que le escribía, Pessoa o Álvaro, Cartas a Ofélia, pero no sé si se podrá conseguir).
La poesía de Pessoa, o las prosas de El libro del desasosiego, de otro heterónimo, el oficinista Bernardo Soares, que trabajaba en la Baixa también, cerca de un bar donde Pessoa se empapaba de bebidas espirituosas (de eso murió) son de lo mejor que se ha escrito en el siglo XX, por supuesto no sólo en Portugal (tan cerca, tan lejos).
Os recomendaría tantas cosas... Buscad poemas en las antologías, como la que hizo Ángel Crespo titulada El poeta es un fingidor, echadle un vistazo a sus prosas, mirad a ver qué os dicen sus dudas, sus constantes paseos, hablad, como hice yo (siento nombrarme) con su estatua sedente en el café A Brasileira, uno de los más bonitos del mundo (prometo entrada próxima sobre cafés) y escucharéis una voz única.
P.D. Pessoa en portugués es persona, y persona, aunque no se lo crean mia alumnos, es el nombre de la máscara que se ponían los actores griegos en la escena. Pessoa tiene un apellido perfecto para su personalidad.
Como música, algo portugués poco obvio, Sétima Legiao y su espléndido Mar d'outubro.

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