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domingo, marzo 09, 2008




Un jour de fête










Para mí, los días de elecciones siempre han sido días alegres, pese al empeño que ha tenido siempre ETA o Al Qaeda en matar y recordar que el ser humano puede ser una bestia sanguinaria asesina. Pero no quiero hoy ahondar en el tema del terrorismo, hay ya poco por decir. Concretamente hoy, lo que hay que hacer es votar. Yo he ido siempre, pese a mi desencanto habitual en los políticos, aunque sea para votar en blanco y manifestar así mi disgusto con la política. Este año he votado con sus papeletas y sus crucecitas (por cierto, vaya grupos variopintos que se presentan al senado. Es lo más divertido de las elecciones, ver esos espacios de propaganda electoral).


Ayer estuve viendo un excelente concierto de estos chicos de aquí arriba, el dúo sueco Club 8, de los que tengo todos sus discos. En escena eran, además, otra guitarra, bajo, batería y teclas, con lo que el sonido fue muy preciso. La chica, preciosa, con una de esas voces suaves que te hace encandilarte, y su pop intimista y cristalino a mí me encantó, aunque una sala de 400 butacas medio vacía no sea un buen lugar para esa música. Al menos no se podía fumar y me fui sin que la ropa me apestara.


P.S. De teloneros iba un grupo comandado por un griego, de nombre Evripidis, éstos de aquí, que practican un pop muy personal, con mucho sentido del humor en las letras. Evripidis vive en BCN, por lo que su grupo era catalán y su explicación de las letras muy clara. Me recordaron, por la presencia del piano que tocaba el líder, a otro grupo en torno a un solista que me gusta mucho, Faris Nourallah, cuyo cd recopilatorio, Near the Sun, también os recomiendo. Ah, y de Evripidis me acabé comprando el cd, que así me lo dedicaron y pasa a mi colección de cds dedicados por grupos raros que pocas veces dedican sus discos. A disfrutar.

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martes, febrero 05, 2008






De Chirico y de la pólvora










Ya de vuelta a casa, a alguna casa como dice Andrés Calamaro, unas líneas sobre la expo que pude ver (más o menos, estaba abarrotada). En otra ocasión había visto ya algunos cuadros del italiano Giorgio de Chirico, uno de los representantes más relevantes de las primeras vanguardias. Su pintura metafísica, con ese gran componente arquitectónico (de hecho era el leit-motif de la expo, la arquitectura), ese enigma subyacente en muchos de sus cuadros, sus claroscuros, eso que tienen de onírico, reconozco que me gusta y me atrae. Me sorprendió ver algunos cuadros cuya técnica se puede ver en otro gran surrealista, el belga Rene Magritte, el pintor más literario. Ese misterio transitará posteriormente en la obra de otro de mis favoritos, el también belga Paul Delvaux. En suma, una expo atractiva, aunque la segunda parte, el influjo de la pintura de Chirico en la arquitectura, me pareció más curiosa que otra cosa.


En otro orden de cosas, he de agradecerle a la impresentable alcaldesa de Valencia, Rita Barberà, el recibimiento que me dispensó poniendo la conmemoración del nacimiento de Jaume el Conqueridor justo durante mi estancia allí. Así pude disfrutar de esas mascletás que sólo saben hacer en Valencia, que te erizan los cabellos con la apoteosis de ruido y estruendo armonioso (y no es un oxímoron) y de un buen castillo de fuegos artificiales por la noche, también excelentemente medido, con ritmo y contundencia. Sé que es como volver a la infancia y a los días de fiesta, pero esa sensación de magia me sigue pareciendo atractiva.

P.S. De fondo hoy tengo la música elegante del dúo sueco Club 8, que me descubrió mi anfitrión valenciano, y más concretamente su último cd, The Boy Who Couldn't Stop Dreaming, que ya nombré pero que, en un acto de justicia poética, llevé a mis anfitriones.

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