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martes, febrero 27, 2007



Mallrats





El miércoles pasado pasé unas cuantas horas en un "mall", uno de esos hipermercados enormes que, al modo norteamericano, proliferan por todo el primer mundo. La verdad es que es un buen escenario para una pesadilla: esos espacios desangelados, ese cemento, esa "música" (?) ambiental, el olor a fritanga mala, grasas trans, patatas precongeladas, las tiendas todas iguales, la sensación de falso espacio libre, el ruido monótono y triste, cual forzados de Dragut que diría Góngora remando en la bodega, las sonrisas de manual (si las hay) de los dependientes, esa displicencia en el trato como diciendo: "no me toques los güevos, que bastante tengo con trabajar aquí". A veces te encuentras trabajando allí a antiguos alumnos a los que ya no recuerdas, y ellos a lo mejor tampoco. Lo peor de todo es que son iguales en todos los países, que la gente se mete en ellos horas y horas y no salen hasta que abarrotan los carros. Esa epifanía del consumo y del ocio estandarizado me horripila.
Ah, a todo esto yo fui porque en muchas ciudades es la única manera que hay de ver cine, lo que es bastante patético, y era una peli que sólo ponían en una sesión y que intuí, como pasó, que quitarían al día siguiente. Era La ciencia del sueño, de Michel Gondry, el francés que ha hecho tantos vídeos y colaborado con Philiph Kauffman en pelis como Olvídate de mí. La peli me gustó, muy french, surrealista, amor loco; aunque con poco ritmo, tenía una imaginería visual muy poderosa.
Lo mejor fue que en el rato que me sobró me fui a uno de esos sitios enormes que no saben lo que venden y cogí a 6 € tres cds de Lambchop, Clem Snide y The Cure. En fin.
P.D. El título del post viene de una peli divertidísima de Kevin Smith, el de Clercks, que va como anillo al dedo.

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