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viernes, octubre 13, 2006


Los pueblos

De pequeño, me daban pena mis compañeros de clase que no tenían pueblo al que ir en vacaciones, como siempre hacía yo. Y es que, para un "urbanita", tendría que ser obligatorio tener alguna raíz, algún pueblo de familiar al que ir. Para un niño de ciudad, el pueblo es el territorio de la libertad, de la naturaleza más o menos pura, de la anomia, de los descubrimentos transcendentes, de donde uno volvía a la clase cambiado, más crecido, o más fuerte, o más gordo, con esos arañazos o heridas que parecían las medallas del rito de paso a la adolescencia que había que tener.
Escribo esto desde el pueblo de mi madre, Monreal del Campo, en Teruel, donde hacía más de dos años que no iba. Y me reafirmo en la reflexión, que se hace multidireccional, también todo el mundo debería poder ir a una ciudad, a otra cultura, a otra religión. Eso no enriquecería enormemente, nos daría más empatía y menos cerrazón.
Pero por favor, no perdamos los pueblos ni su memoria.

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