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domingo, octubre 01, 2006


Los domingos

Hay algo en los domingos que nos lleva a la infancia, a cuando nos quedábamos solos en casa porque los padres iban a trabajar y por alguna extraña razón éramos nosotros los que poníamos las normas (?). Pues ahora en domingo es igual: ese despertar lánguido con la radio de fondo (que nos infiltra los sueños de comentarios y noticias oídas de refilón); ir todo el día en pijama, desayunar a la una unos pepinillos y mejillones en escabeche, por ejemplo; buscar un disco suave mientras (Air, o Belle & Sebastian) ojeamos, tumbados en el suelo rodeados de libros, la prensa; ir al cine justo después del vermut, con las cañas y el queso palpitando en una sala de proyección casi vacía; en suma, la plasmación semanal de la anarquía, hacer lo que uno quiera sin horarios ni obligaciones.
Por supuesto, conforme avanza el domingo uno se enfada con el lunes venidero, con lo que hubiera querido hacer en ese día aciago y no hizo, pero eso, como decían los inigualables Esclarecidos de los cubatas de garrafa, "tienen una cosa buena y otra mala, pero la mala no pasa hasta el día siguiente".
De fondo, hoy, Lambchop "The decline of the country & western civilitation", me entusiasma la voz profunda de Kurt Wagner y su sedosa melancolía "dominical".
Como ilustración, una de esas fotos captadas desde el instante y el azar por Álvarez Bravo.

2 Comments:

Blogger Pilar said...

Como leí en una entrevista a José Mª Mendiluce, "los domingos por la tarde deberían ser declarados enemigos de la Humanidad".

10:25 p. m.  
Blogger narrow said...

De todos modos, lo malo del domingo por la tarde es el lunes, si no, cuando el lunes es fiesta, se puede constatar que el domingo es agradable incluso por la tarde, o, al menos, diferente.

12:25 a. m.  

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