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miércoles, octubre 04, 2006


Algo parecido a la felicidad (1)

En mi universo particular, la felicidad tiene muchas veces forma de libro. Algunos amigos se ríen porque siempre que veo un mirador, una galería cerrada en el Pirineo o en un lugar con vistas al mar digo lo mismo: "Qué bien se estaría ahí leyendo". He buceado en la red y he encontrado una imagen alusiva (espero que la ciberpolicía no venga a reclamarme derechos). Pocos placeres tan grandes y a la vez sutiles como descubrir una nueva librería en una ciudad desconocida: siempre que viajo al extranjero compro algún libro en esa nueva lengua y me paseo con reverencia y respeto por los atestados anaqueles. Muchas veces librerías no de viejo (eso es casi como una pastelería para un diabético), pero sí vetustas, en las cuales encontrar ese libro que ya guillotinaron para hacer pasta de papel. De todos modos, tampoco desdeño las librerías funcionales y asépticas. El caso es llevarse a casa un libro, acariciar su portada (las magníficas que hacían Daniel Gil para Alianza bolsillo) y olerlo. El resto del placer solitario se puede aderezar con otros: la mirada al paisaje, un whisky o un vino, el jazz...
Con mi amigo Alfonso nos hemos ido muchas veces "de librerías", como otros se van de cubatas (ya sé que no son vicios excluyentes), hemos pasado y pasamos muy buenos ratos en esos lugares santos. Los bibliófagos somos así.
La recomendación de hoy es un libro que he regalado varias veces, de otro enfermo de la lectura, "Historia de la lectura", de Alberto Manguel, en Alianza bolsillo. Y de fondo sonoro, a elegir, o el jazz introspectivo de Bill Evans o el saltarín de Grant Green.
Nos leemos!

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