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viernes, octubre 05, 2007



Visita al Callejón de Gato




Hoy pongo el título en gris, acorde con el contenido.


Mucha gente habla de este callejón cercano a la plaza de Santa Ana (¡cuántas cervezas han caído por esas calles, y qué bien tiradas!) y le llaman Callejón del Gato, y lo cierto es que algunos pasarían por él, pero la estrecha calle está consagrada a un señor, Juan Álvarez Gato, poeta del XVI y no a un micifuz.

La calle ha pasado a la historia de la literatura por servirle a Ramón María del Valle-Inclán (así le gustaba llamarse) para crear su teoría del esperpento en la famosa escena duodécima de su magistral obra Luces de bohemia, cuando dice aquello de que los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos del Callejón del Gato dan el esperpento.

Sirva todo este excurso para comentar que el domingo fui al teatro a ver una nueva adaptación de Luces de bohemia, en este caso por uno de mis grupos teatrales favoritos, el Teatro del Temple, de Zaragoza. La adaptación me gustó mucho, con una falsa sencillez que da protagonismo al texto, que me parece de lo más correcto que se puede hacer con una obra que es dinamita verbal, y unos excelentes actores encabezados por Ricardo Joven y José Luis Esteban.

Pero hoy os quería hablar del gran Valle-Inclán, del escritor, uno de mis favoritos, contradictorio, polémico, un Quevedo del siglo XX, con su característica pinta de bohemio con sus melenas al viento, la barba luenga (y lo que más le molestaba es que le preguntaran si la barba la ponía sobre las sábanas o bajo ellas al dormir) y el brazo izquierdo amputado tras una riña estúpida con un amigo...

Si el teatro español de la Edad de Plata de la que habla mi profesor José-Carlos Mainer se divide en lorquistas y valleinclanistas, yo soy, sin duda, valleinclanista y no sólo por el teatro. Creo que en su obra hay más contenido lírico, metafórico, social, teatral que en muchos de sus contemporáneos y posteriores, y que su irrepresentabilidad no es cierta. Hace años ya vi otra versión de Luces de bohemia, creo que en la que salía el gran e inigualable José María Rodero, y también me pareció muy bien resuelta.
Así que, don Ramón, gracias por los buenos ratos que nos has brindado.
P.S. Como música tal vez no le iría mal unos tangos arrabaleros, de esos que cantaba el grupo madrileño Malevaje, con su toque chulapo. O también, más moderno, el grupo argentino-francés Gotan Project, o, más purista, Piazzola.
Salud.

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4 Comments:

Blogger conde-duque said...

Eso. Muchas gracias, don Ramón.
Si vuelves a Galicia tienes que ir a su Casa-Museo, en Vilanova de Arousa.
No tienen gran cosa, pero sale su voz por los altavoces...

10:37 p. m.  
Blogger Pilar said...

Lamento disentir. Yo también fui a ver la obra, aunque no el mismo día que tú. Cachis, porque casi nos encontramos. Y salvando el magnífico texto de D. Ramón María, el resto me gustó bien poco. No me sedujo la pretendida "actualización" de la obra con la inclusión de elementos absurdos como un ordenador o algunas de las vestimentas de los actores. Tampoco le vi la gracia a que los personajes secundarios hablaran en cada escena con un acento regional diferente, dando así un garbeo turístico a nuestra dolorida España (no recuerdo que en el original se nombrara el curioso hecho). Por no hablar del prota, que debió de pensar que la presencia de su regia persona era suficiente para imbuirnos de su personaje y la mitad de las veces apenas vocalizaba y se le escuchaba francamente mal.

De lo que estoy segura es de que Jose María Rodero lo hizo de forma magistral, como sólo el sabía.

4:53 p. m.  
Blogger Pilar said...

Sin embargo, y aunque no venga directamente al tema, te recomiendo que vayas a ver Fama, que está en cartel hasta el día 21, creo. Todo un ejercicio de ritmo y nostalgia para los que hace 20 años teníamos 20 años. Los ochenta, aquella época en que todo era posible y pensábamos que nos comeríamos el mundo. Ahora sabemos que hemos tenido que correr para que no sea él quien nos muerda el trasero. En cualquier caso, absolutamente recomendable: excelentes bailarines, buenas coreografías y un apoteósico final, con el teatro entero bailando. Memorable.

5:05 p. m.  
Blogger narrow said...

Gracias conde y Pilar, que sois los que más comentarios ponéis.
*Pilar, no pensaba ir al musical, no me apetece ni creo que la música lo merezca. Con respecto a "Luces" reitero mi opinión, yo veo hallazgos y una buena puesta en escena. Que hablen con varios acentos me parece que es una forma de que el texto sea más español, como una ironía al ruedo ibérico del que hablaba Valle. Y el ayudante de Max era Latino de Híspalis, por lo que su acento se justifica de sobras. Lo del ordenador es lo de menos, la puesta en escena no es naturalista y Valle-Inclán tampoco escribía para que sus obras se vieran en teatro.
Gracias again.

11:16 a. m.  

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