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domingo, octubre 28, 2007










Un lugar en el mundo (1)










Como tantas veces, tomo prestado un buen título de peli o libro para mi bitácora (me sigue sin gustar mucho blog, me recuerda a bloc...), en esta caso de una bella película de Adolfo Aristaráin, ese cinesta que casi nunca me deja indiferente. Hoy la reflexión (no todo van a ser pelis, libros, bares...) es sobre los lugares, los sitios.




Uno, con los años, va aprendiendo a desprenderse de algún que otro lastre, de alguna de esas cosas que nos atan y, en el fondo, nos impiden crecer. Decía Max Aub (castellonense de Segorbe, que estuvo muchísimos años exiliado en México) que uno es de donde hace el bachillerato, lo cual me parece una definición perfecta. Y además, se puede añadir, que uno va siendo de diferentes lugares. También El último de la fila, cuando eran más innovadores que otra cosa, cantaban eso de "mi patria en mis zapatos". Soy de la opinión que no hay países, ciudades ni pueblos perfectos, y por eso, en mi acerbo viajero, voy acumulando sitios en los que me gustaría vivir, en los que su belleza me conmueve, y así creo mi ciudad o espacio ideal. Los que me han tenido como compañero viajero saben que digo muchas veces eso de "no me importaría vivir aquí" y hoy quiero iniciar un catálogo de esos lugares.




Por ejemplo, el Ensanche de Barcelona. Allí viví unos cuantos años mientras me estrenaba como profesor de instituto. Siempre me han gustado los edificios de primeros de siglo, con esas persianas mallorquinas que producen una preciosa luz en rendijas y que permiten esa dialéctica dentro-fuera que tanto me agrada. Además, el Ensanche tiene una distribución racionalista, gracias a la idea de su ideólogo Ildefons Cerdà, que es una lástima que la especulación no haya dejado desarrollarse. En cada una de las manzanas de pisos de una cuadrícula de 140 metros (creo recordar) iba un jardín interior. Asomarse a uno de esos pisos altos (yo vivía en el último), soleados, con la copa de los árboles frondosos por debajo, que aísla del ruido y que alegra la vista, es una de las mejores cosas que se puede hacer en una ciudad. Luego, el Ensanche-Eixample, sobre todo la parte izquierda, ha pasado a ser una zona gay, como la de Chueca en Madrid (barrio que también es bonito, chic y cool) y se ha puesto de moda, aunque es un barrio, al menos donde yo viví, (Conde Borrell), popular y populista.

Para acabarlo de redondear, a 100 pasos escasos está el precioso mercado de Sant Antoni, modernista, donde los domiengos se celebra un mercadillo de libros antiguos. ¿Qué más se puede pedir?
P.S. hoy hace un domingo soleado de lavadora y tendedores, así que me viene a la cabeza el cd que tengo de versiones de "Sunny", la inmortal canción de Bobby Hebb.

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3 Comments:

Blogger Alfonso said...

¿Y no será que vamos teniendo una edad y ya hemos acumulado muchos sitios? (Por otra parte, bonitos recuerdos de las visitas a Conde Borrell). Un saludo

6:56 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Dicen que los castellanos,independientemente del lugar,hacen del sitio donde se encuentran su hogar.Me he descubierto una vena muy castellana y ya no espero ni busco un sitio ideal y en muchos sitios encuentro ya un "no me importaría vivir aquí". Ahora he descubierto el barrio de Gracia en Barcelona. Bueno, te veo pronto en mi lugar. Mercedes

8:31 p. m.  
Blogger narrow said...

* Sí, Alfonso, pero eso está bien, que vaya uno viendo sitios donde le gustaría pasar más rato.
*Mercedes, el barrio de Gracia es un lugar estupendo, inabarcable, con sus maravillosas plazas y además ambiente de barrio y alternativo. Es otro de mis lugares favoritos, aunque hay muchas calles con poca luz y árboles. Y sí, nos vemos.

8:32 p. m.  

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