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jueves, julio 03, 2008













Historia de tres bares (I)



Si Dickens escribió la Historia de dos ciudades, uno, muchísimo más modesto, va a escribir la historia de tres bares, de tres bares que han significado mucho para mí.




El primero de los bares de los que os voy a hablar se llamaba Café Windsor y estaba en el nº 127 del Coso de Zaragoza. Como no hay forma humana de encontrar una foto en la red, os pongo la iglesia de la Magdalena, que está justo al doblar la esquina.





El Windsor fue el bar de mis años universitarios, de los años que van de los 18 en adelante (no, no es la época de esta otra foto, no penséis). Era uno de esos cafés de los que llamábamos de abuelos, donde una inmensa barra de formas redondeada tenía un montón de pinchos populares, sobre todo rebozados (ay, ese bacalao que nunca volveré a comer!!), una división con un par de arcos y una zona de mesas de formica donde echar la partida.





Lo más curioso era la mezcolanza que se formaba, los abuelos del barrio (un barrio bastante degradado, con pocas zonas verdes y con unos ancianos que veían con agrado la turbamulta de jovenzanos de tendencias bastante ácratas que íbamos por allí) y los jóvenes de pelaje variado que se fumaban sus petas (cuando eso no era muy cool que digamos) y arreglábamos el mundo entre vermús de granel y cañas. Allí íbamos los antimilitaristas al acabar las reuniones, o al empezarlas, ya que teníamos la sede al lado (un edificio semirruinoso, sin agua y con unas bonitas grietas en el suelo por las que sacabas la mano), los chicos del "Ligallo de fablans de l'aragonés", que compartíamos piso (y a veces éramos los mismos que nos desdoblábamos en triples o cuádruples militancias, pues algún objetor también era antitaurino, o de Ecologistas en Acción, o de la CNT...). Por supuesto, músicos, algún echador de cartas o narrador, agitadores varios...




Allí iba uno solo y siempre encontrabas a alguien, o te ponías a mirar por los amplios ventanales (tendría que ser deporte olímpico, mirar a la calle desde un ventanal de un bar). Allí, como en Luces de bohemia, alguna vez se refugió uno de la policía que venía detrás y encontró la solidaridad y la ira ante lo ocurrido de los dos abuelos que llevaban el café y de los que ya no consigó recordar (Armando?) el nombre pero sí la cara. Y, por supuesto, fue el territorio de los primeros besos, de las primeras emociones que todo lo llenaban. Del día que lo cerraron guardo, no sé dónde, el cartel que se editó en su recuerdo y el vaso de la última caña que me bebí. Salud.


P.S. La música la he puesto de you tube, aunque me dicen que no se oye muy bien, los Golpes Bajos de "Malos tiempos para la lírica", uno de los primeros discos que me compré, imcluso antes de tener tocadiscos (así me obligaba a tenerlo) y que, en esa época, me encantaban y me siguen pareciendo estupendos.

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3 Comments:

Blogger Alfonso said...

No sólo pelo se pierde con el paso de los años, sino muchos lugares donde hemos realizado el simulacro de ser felices... Ánimo con los siguientes bares, a ver si en alguno he estado más que en el finado Windsor.
Un abrazo

12:38 p. m.  
Blogger david said...

Eso, que caigan ya las siguientes entregas, que estamos impacientes...
Por cierto, con esa foto que has puesto parece que te iban a enviar a la guerra de Africa, por lo menos...

5:22 p. m.  
Blogger narrow said...

A África no sé, pero a algún sitio donde no quisiera ir, seguro.

Seguiré, seguiré, y más con estos animadores.

En el siguiente ya sales más, Alfonso.

Abrazo a ambos.

5:33 p. m.  

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